El documento describe las fuentes y método de la teología según el Concilio Vaticano II. La Revelación de Dios es la única fuente, la cual se transmite a través de las Sagradas Escrituras y la Tradición Apostólica. Estas no son divisiones sino modos complementarios de transmitir el único Evangelio. El Magisterio de la Iglesia, formado por los obispos con el Papa, tiene la función de conservar e interpretar fielmente la Revelación a través de los siglos.