La alegría proviene del interior y no de factores externos. Se puede cultivar una actitud alegre al enfocarse en lo positivo en lugar de dejarse afectar por lo negativo, y al practicar el amor y la bondad hacia los demás a través del trabajo, el cuidado familiar, la amistad y la armonía social. La alegría auténtica surge del desprendimiento egoísta y del esfuerzo por ayudar a otros.