La brújula fue inventada en China entre los siglos V y III a.C. y luego llegó a Europa en el siglo XIV, donde inicialmente se pensó que funcionaba mágicamente. Se describe su funcionamiento basado en la aguja magnética que siempre apunta al polo norte magnético de la Tierra, aunque este puede ser diferente de la ubicación del polo norte geográfico. La brújula ha sido fundamental para la navegación por su capacidad de indicar direcciones.