La democracia en México se basa en tres aspectos fundamentales: la legitimidad del poder del pueblo a través de elecciones libres, un sistema político donde el pueblo es representado, y un ideal de gobierno. Sin embargo, las instituciones democráticas mexicanas son débiles debido a la herencia del régimen autoritario anterior. Aunque México ha transitado a un sistema de partidos competitivo y elecciones libres, construir sólidas instituciones democráticas que aseguren la estabilidad del régimen es un desafío.