El ego provoca separación y sufrimiento, convirtiéndose en un estado patológico que se manifiesta a través de emociones sutiles como la impaciencia y el resentimiento. Estas emociones suelen ser inconscientes, lo que dificulta que las personas las reconozcan y se liberen de ellas. La clave para superar esta infelicidad radica en tomar conciencia de los pensamientos subyacentes que alimentan estos estados negativos.