El rey Herón II pidió a Arquímedes que comprobara si una corona era de oro puro sin dañarla. Arquímedes no encontró la solución hasta que se dio cuenta en un baño que el volumen de agua desplazado era igual al volumen de su cuerpo sumergido. Midió el volumen de agua desplazado por la corona y lo comparó con el volumen de oro de igual peso, descubriendo que la corona era más grande y contenía plata en lugar de ser pura de oro. Gritó "¡Eureka!" al