El arte neoclásico, desarrollado entre 1750 y 1780 en París, retoma la búsqueda de belleza y perfección inspirándose en la escultura y el relieve monocromos. Este movimiento se caracteriza por obras de gran formato con una técnica refinada, temas históricos y mitológicos, y un enfoque didáctico que promueve el patriotismo. A diferencia de sus predecesores renacentistas, los neoclásicos imitan formas antiguas más que seguir una herencia directa.