La nueva gestión pública implica reformas administrativas centradas en la gestión por objetivos, con un enfoque en eficiencia, privatización y separación de roles entre clientes y contratistas. Utiliza métodos como la delegación de decisiones, orientación al desempeño y al cliente, además de incorporar elementos de mercado para mejorar los servicios públicos. Estas reformas buscan una mayor estrategia en políticas públicas, un sistema de gestión financiera enfocado en resultados y un sistema de personal que premia el rendimiento.