La Nueva Gestión Pública surgió en los años 80 para mejorar la eficiencia y sostenibilidad de las finanzas públicas. Implica cambiar de una gestión rutinaria basada en normas a una orientada a resultados que se adapte a las demandas cambiantes. Esto requiere transformar la cultura organizacional de los entes públicos y la gestión de recursos humanos, poniendo énfasis en la productividad, flexibilidad y desarrollo de competencias.