Obstáculos y progresos

                                                               Manfred Nolte

Basta a cada día su afán y en esta semana de siete largos días se han sentido
suspiros de alivio donde hubieran podido oírse clamores de desolación. El
último y no menos importante, que estaba en nuestras propias manos, al
conocer la senda de déficit de las comunidades autónomas en el primer
semestre y que auguran, si se mantiene el ritmo, el objetivo comprometido del
1,5% de sus PIBs. Los dos restantes dependían de terceros y convertían nuestra
suerte en más aleatoria e impotente. El martes los letrados del Constitucional de
Karlsruhe apreciaron que el futuro mecanismo de estabilidad monetaria, el
fondo permanente de rescate (MEDE), se atenía a la legalidad germana
despejándose el camino para su aplicación tanto al salvamento de los gobiernos
como a la recapitalización de bancos en crisis. Además las votaciones para
formar el parlamento holandés han arrojado un resultado proeuropeista,
ahuyentando el fantasma de un cisma en el propio nido de los halcones
europeos. Si unimos esto a la ya conocida decisión del Banco Central Europeo
de lanzar un programa de ‘Transacciones monetarias directas’, la consecuencia
inmediata ha sido la reducción de los tipos de interés de los bonos italianos y
españoles. Europa en general, y el Señor Rajoy en particular, pueden soñar con
un paréntesis en esta crisis empecinada y devastadora.

Lo que parecía una secuencia sin solución de continuidad, la inmediata petición
española al Eurogrupo de un programa de rescate, sin perder su trascendencia,
abre el paso a algunos matices importantes. El menor de los cuales no es quizá,
el de que el Presidente del Gobierno pueda apurar sus opciones, ganando
tiempo, auscultando minuciosamente todas y cada una de las condiciones que
pretendan agregarse al conjunto de recortes y cambios estructurales acometidos
y en curso en el País.

Solicitar el rescate a la Eurozona no implica automáticamente la compra de
títulos por parte del MEDE en el mercado primario, o del BCE en el secundario,
ya que se desconoce incluso el umbral de intervención. Pero con intervención o
sin ella, con unos mercados sometidos al peso de la evidencia, -el bazuca
comunitario- los beneficios de la reducción de los tipos quedan garantizados.
Los costes, por el contrario, son de orden político al ingresar en el club de las
economías estigmatizadas por su incompetencia en encarar y resolver sus
propios conflictos económicos. Dar cobijo en casa propia a la ‘Troika’ implica
una pérdida de dignidad soberana, además de atizar las críticas internas con el
consiguiente debilitamiento del soporte político.

Es posible que la paz se extienda por un plazo de tiempo, semanas o tal vez
meses, pero las probabilidades parecen decantarse por un escenario más
negativo. Si los mercados retomasen la senda de tipos altos y España tuviese
que reaccionar de forma improvisada, solicitando de urgencia el rescate tras
haber permanecido ocioso todo ese tiempo, los costes del arranque serían
posiblemente mayores y más ácidos los reproches y violenta la contestación
política y ciudadana .




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Paralelamente, otro elemento debe llamar nuestra atención. La caída en los
tipos de la deuda ha venido acompañada por una recuperación apreciable en las
cotizaciones bancarias, lo que sugiere que la correlación entre riesgos soberanos
y solvencia bancaria sigue latente, y que es necesario acometer nuevas y
decisivas acciones para su segregación y generar financiación a precios dictados
básicamente por los fundamentales de los países que representan. De ahí la
excelente noticia adicional –aunque su implementación puede ser conflictiva y
aplazada en el tiempo- de la creación de un supervisor único bancario de la
eurozona, lanzada el miércoles pasado por Durao Barroso en su discurso al
Parlamento Europeo sobre el Estado de la Unión. Su objetivo básico no es otro
que romper la ya denominada ‘espiral diabólica’ entre la deuda soberana y la
financiera, a través de una Unión Bancaria liderada por el Banco Central
Europeo.

Junto a otros resultados de las diversas acciones de austeridad y estructurales
emprendidas, la introducción de un supervisor bancario único siguiendo las
exigencias de Alemania, facultaría la contabilización del próximo rescate
bancario de 100.000 millones de euros como crédito directo del MEDE a las
instituciones financieras , sin tener el carácter de deuda publica. Tal decisión
acarrearía el traslado del buen fin de dicha línea bancaria desde el Estado
español –esto es, el contribuyente español- al erario europeo que soporta y
financia el mecanismo permanente de rescate. Un salto cuántico cuyas
consecuencias parecen no haber sido suficientemente valoradas.

Rajoy reclama más Europa. Y lo hace adecuadamente, ya que en la
mutualización parcial, gradual y sucesiva de la deuda, tanto pública como
privada, yace –entre otros complejos asuntos- el resorte del crecimiento y
creación de empleo de la economía española.




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Obstáculos y progresos

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    Obstáculos y progresos Manfred Nolte Basta a cada día su afán y en esta semana de siete largos días se han sentido suspiros de alivio donde hubieran podido oírse clamores de desolación. El último y no menos importante, que estaba en nuestras propias manos, al conocer la senda de déficit de las comunidades autónomas en el primer semestre y que auguran, si se mantiene el ritmo, el objetivo comprometido del 1,5% de sus PIBs. Los dos restantes dependían de terceros y convertían nuestra suerte en más aleatoria e impotente. El martes los letrados del Constitucional de Karlsruhe apreciaron que el futuro mecanismo de estabilidad monetaria, el fondo permanente de rescate (MEDE), se atenía a la legalidad germana despejándose el camino para su aplicación tanto al salvamento de los gobiernos como a la recapitalización de bancos en crisis. Además las votaciones para formar el parlamento holandés han arrojado un resultado proeuropeista, ahuyentando el fantasma de un cisma en el propio nido de los halcones europeos. Si unimos esto a la ya conocida decisión del Banco Central Europeo de lanzar un programa de ‘Transacciones monetarias directas’, la consecuencia inmediata ha sido la reducción de los tipos de interés de los bonos italianos y españoles. Europa en general, y el Señor Rajoy en particular, pueden soñar con un paréntesis en esta crisis empecinada y devastadora. Lo que parecía una secuencia sin solución de continuidad, la inmediata petición española al Eurogrupo de un programa de rescate, sin perder su trascendencia, abre el paso a algunos matices importantes. El menor de los cuales no es quizá, el de que el Presidente del Gobierno pueda apurar sus opciones, ganando tiempo, auscultando minuciosamente todas y cada una de las condiciones que pretendan agregarse al conjunto de recortes y cambios estructurales acometidos y en curso en el País. Solicitar el rescate a la Eurozona no implica automáticamente la compra de títulos por parte del MEDE en el mercado primario, o del BCE en el secundario, ya que se desconoce incluso el umbral de intervención. Pero con intervención o sin ella, con unos mercados sometidos al peso de la evidencia, -el bazuca comunitario- los beneficios de la reducción de los tipos quedan garantizados. Los costes, por el contrario, son de orden político al ingresar en el club de las economías estigmatizadas por su incompetencia en encarar y resolver sus propios conflictos económicos. Dar cobijo en casa propia a la ‘Troika’ implica una pérdida de dignidad soberana, además de atizar las críticas internas con el consiguiente debilitamiento del soporte político. Es posible que la paz se extienda por un plazo de tiempo, semanas o tal vez meses, pero las probabilidades parecen decantarse por un escenario más negativo. Si los mercados retomasen la senda de tipos altos y España tuviese que reaccionar de forma improvisada, solicitando de urgencia el rescate tras haber permanecido ocioso todo ese tiempo, los costes del arranque serían posiblemente mayores y más ácidos los reproches y violenta la contestación política y ciudadana . 1
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    Paralelamente, otro elementodebe llamar nuestra atención. La caída en los tipos de la deuda ha venido acompañada por una recuperación apreciable en las cotizaciones bancarias, lo que sugiere que la correlación entre riesgos soberanos y solvencia bancaria sigue latente, y que es necesario acometer nuevas y decisivas acciones para su segregación y generar financiación a precios dictados básicamente por los fundamentales de los países que representan. De ahí la excelente noticia adicional –aunque su implementación puede ser conflictiva y aplazada en el tiempo- de la creación de un supervisor único bancario de la eurozona, lanzada el miércoles pasado por Durao Barroso en su discurso al Parlamento Europeo sobre el Estado de la Unión. Su objetivo básico no es otro que romper la ya denominada ‘espiral diabólica’ entre la deuda soberana y la financiera, a través de una Unión Bancaria liderada por el Banco Central Europeo. Junto a otros resultados de las diversas acciones de austeridad y estructurales emprendidas, la introducción de un supervisor bancario único siguiendo las exigencias de Alemania, facultaría la contabilización del próximo rescate bancario de 100.000 millones de euros como crédito directo del MEDE a las instituciones financieras , sin tener el carácter de deuda publica. Tal decisión acarrearía el traslado del buen fin de dicha línea bancaria desde el Estado español –esto es, el contribuyente español- al erario europeo que soporta y financia el mecanismo permanente de rescate. Un salto cuántico cuyas consecuencias parecen no haber sido suficientemente valoradas. Rajoy reclama más Europa. Y lo hace adecuadamente, ya que en la mutualización parcial, gradual y sucesiva de la deuda, tanto pública como privada, yace –entre otros complejos asuntos- el resorte del crecimiento y creación de empleo de la economía española. 2