La integración financiera en la Eurozona se ha roto desde el estallido de la crisis de la deuda pública en 2012, llevando a una renacionalización de los mercados bancarios y de deuda soberana. Los tipos de interés para préstamos a empresas y los diferenciales de deuda soberana ahora varían significativamente entre países, reflejando una fragmentación que debilita la efectividad de la política monetaria del BCE. Mientras medidas como la Unión Bancaria buscan reducir esta fragmentación, se necesitan pasos más ambiciosos como una Unión Fiscal