El documento describe el estado absolutista, donde el monarca ejerce un poder absoluto sin rendir cuentas, y se apoya en el derecho divino para justificar su autoridad. Este sistema político predominó en Europa, especialmente en España, Francia e Inglaterra, hasta ser derrocado por diversas revoluciones liberales en los siglos XVIII y XIX. La decadencia del absolutismo se debió a la intolerancia religiosa y la arbitrariedad política, que llevaron a demandas de un estado liberal y democrático.