ARTICULO 1. MOTRICIDAD EN LOS NIÑOS CON AUTISMO
José Ramón AlonsoFebruary 16, 2017
Este artículo surge de una pregunta de un padre de un niño con autismo cuyo
hijo, que está entrando en la pubertad, ha empezado a doblar un pie lo que le
dificulta el caminar. El mensaje era muy amable pero prefiero contestar en el
blog por si a alguna otra familia le sirve de ayuda esta información. Por otro
lado, ya he mencionado otras veces que no respondo consultas clínicas, ni
comento diagnósticos. Me parece un riesgo enorme buscar información sobre
salud en una página que no sea de un servicio público de prestigio, pienso que
es una irresponsabilidad si alguien diagnostica a una persona sin verla y mi
consejo siempre es el mismo: póngase en manos de un profesional que sepa
sobre los TEA y huya de los que le prometan milagros, soluciones fáciles y
caras, y terapias «alternativas»: si una «medicina alternativa» funciona, se
llama «medicina».
Las personas con autismo tienen dificultades en la función motora gruesa (la
que implica grandes movimientos de brazos, piernas, torso o pies) y en la
coordinación motora, el funcionamiento coordinado de diferentes músculos,
articulaciones y huesos. En niños con autismo se han observado alteraciones
en los hitos del desarrollo motor (a qué edad gatea, a qué edad da los primeros
pasos), hipotonía (bajo tono muscular), rigidez muscular, acinesia (falta o
pérdida del movimiento), bradicinesia (lentitud de los movimientos voluntarios
asociada a una disminución de los movimientos automáticos, como el braceo al
caminar), alteraciones en el control de la postura y marcha anómala.
Con respecto a las habilidades motoras gruesas, los niños con autismo suelen
estar, de media, medio año por detrás de sus compañeros. Aunque esta fase
del desarrollo motor no depende del contexto social, hay que recordar que
normalmente se domina a base de observar a otros e imitar lo que están
haciendo. También pueden tener que ver con una menor capacidad de
atención, menores habilidades para el juego, o un exceso de sensibilidad táctil
y otras aversiones.
En relación a la hipotonía, un niño con ese bajo tono muscular suele estar
como «blandito», siempre apoyándose en algo y a menudo siendo incapaz de
mantenerse erguido durante un tiempo prolongado. Cosas como sentarse o
recoger un objeto del suelo dan la impresión de que le cuestan más que a otros
niños y pueden producirse problemas de equilibrio, torpeza, caídas frecuentes,
dificultades para estar con sus compañeros, se cansa fácilmente o cualquier
tarea sencilla parece que le requiere más esfuerzo que a los demás.
La rigidez muscular genera la sensación de que el niño está tenso, al tocarle se
nota esa rigidez característica pero es más rara en los niños con autismo que la
hipotonía.
Lo más estudiado son las anomalías en el paso o andadura. Por ejemplo, los
niños con autismo tienden a reducir la longitud del paso, aumentar la anchura
del paso incrementando de esa manera la base de apoyo y aumentar el tiempo
en la fase de apoyo, el tiempo en el que el pie está apoyado en el suelo. Todo
ello aumenta su estabilidad. Muchos niños con autismo tienen tendencia a
andar de puntillas, algo que puede disminuir su equilibrio, con lo que aumentan
las caídas, y también disminuye su resistencia, con lo que aumenta su
cansancio y participan menos en actividades sociales. Estos síntomas motores
pueden afectar a la habilidad del niño para llevar a cabo actividades de la vida
cotidiana como jugar, hacer deporte, caminar. A su vez, un modo raro de
andadura puede generar dolor, fatiga, callos, debilidad en algunos músculos,
estrés de las articulaciones, lo que a su vez puede afectar a las capacidades
funcionales del muchacho. Por eso es importante conocer la función
neuromuscular y biomecánica de los niños con autismo.
Algunos niños con autismo presentan también dificultades en la planificación
motora. Este proceso es lo que permite entender un movimiento, imaginar
cómo hacerlo, coordinar a los distintos músculos que deben intervenir y
ejecutar esa actividad. Algunos movimientos, como atravesar un espacio lleno
de gente de un lado a otro como un recreo, pueden ser complejos y algunos
niños pueden tener dificultades planificando ese movimiento o llevándolo a
cabo, lo que puede provocar que choquen con otros niños o con objetos.
Aunque la peculiar forma de andar de los niños con autismo ha sido observada
desde el estudio pionero de Kanner en 1943 -que describía a estos niños como
torpes- es un tema apenas estudiado, con poco más de una docena de
artículos. Lo más interesante es un artículo publicado en 1981 y otro en 2011
que estudiaron la forma de andar de muchachos con autismo frente a controles
y una revisión de 2015 que resume los estudios previos.
El grupo de Vilensky estudió 21 niños con autismo, 15 controles y 5 niños con
hiperactividad y agresividad. El grupo de Calhoun de la Universidad de New
Brunswick en Canadá estudiaron doce niños con autismo y 22 niños controles
de las mismas edades. En los dos artículos es un número de casos bastante
escaso.
El grupo de Vilensky estudió la marcha y encontró en los niños con autismo
fases de apoyo más largas (cuando el pie está en contacto con el suelo), pasos
más cortos, un aumento en la flexión de la cadera cuando los dedos del pie se
separan del suelo, una disminución de la extensión de la rodilla y un patrón
alterado de los contactos de los pies. Curiosamente, estos autores
sugerían que la forma de andar de los niños con autismo recordaba a los
adultos con párkinson, lo que podría indicar una afectación en los primeros de
los ganglios basales. También se ha comentado la posible implicación del
cerebelo, algo de lo que hay más evidencias neuropatológicas.
El estudio de Calhoun y colaboradores encuentra diferencias significativas en la
cadencia del paso y la cinética de cadera y tobillo, lo que se refleja en una
reducción de los movimientos flexores de la planta y un aumento del ángulo de
dorsoflexión. La razón puede ser una hipotonía muscular, que fue confirmada
en un tercio de los niños con autismo. No vieron en cambio diferencias para la
longitud de los pasos ni en la velocidad de la marcha. No estudiaron otros
aspectos que podrían ser de interés como haber hecho electromiografías para
medir la actividad de músculos concretos.
Los fisioterapeutas están formados para ayudar a los niños en todas estas
temáticas relacionadas con el movimiento. Si el problema es un retraso en las
habilidades motoras gruesas, pueden enseñar ejercicios que se pueden
practicar en casa para enseñarles modelos de movimientos y mejorar el
equilibrio y la coordinación a través de un juego funcional. Si el problema es la
marcha, pueden enseñar al niño como estirar músculos acortados o fortalecer
los más débiles al mismo tiempo que trabajan en la biomecánica del paso.
Mientras que el tono es algo inherente al sistema neuromuscular, los músculos
se pueden fortalecer para compensar esas diferencias y del mismo modo la
planificación motora se puede mejorar trabajando en ejercicios concretos,
estableciendo objetivos y trabajando con el niño y los padres.
El análisis de la marcha de los niños con autismo puede ser útil para establecer
tratamientos y tener un seguimiento de sus habilidades motoras gruesas.
Finalmente, es posible que estos problemas sutiles detectados en los niños con
autismo, que en la mayoría de los muchachos pasan desapercibidos, puedan
llegar a afectar notablemente a su forma de caminar y, consecuentemente, a su
movilidad, participación en las actividades educativas, laborales y de ocio y, en
resumen, a su calidad de vida.
ARTÍCULO 2. TDAH, COORDINACIÓN MOTORA Y CAPACIDAD EN EL
DEPORTE
La dificultad para el deporte de los sujetos con TDAH (Trastorno por Déficit de
Atención e Hiperactividad) es la menos estudiada, en la que menos se ha
enfatizado y de la que menos se sabe de los trastornos comórbidos del TDAH.
Las razones por las cuales se debiera investigar el área que relaciona el TDAH,
los Trastornos dela Coordinación Motoray la capacidad en el deporte, no son
otras que tener una concepción del trastorno mucho más amplia y más
integrada, a la vez que, tener la posibilidad de ayudar a estos niños con
programas de actuación motora más eficaces.
De este modo se podrán realizar intervenciones que atenúen la incapacidad en
el desempeño de actividades propias de su edad, ya que mejorando este
aspecto de su vida, las repercusiones en el área emocional y social se verían
gratamente beneficiadas.
Las personas con TDAH son generalmente torpes, y aunque hayan
desarrollado una musculatura y tengan la fuerza suficiente que les permita
realizar algunas actividades físicas determinadas (ciclismo o natación), les falta
habilidad y coordinación motriz en las partes distales de las extremidades
(manos y pies), siendo buenos ejemplos la poca capacidad para el baile, los
instrumentos musicales, o el agarre y manejo del balón (Pascual-Castroviejo,
2004).
Según un estudio realizado por Piek, Pitcher y Hay (1999), más del 50% de los
niños diagnosticados con TDAH pueden tener problemas motores. Estos datos
concuerdan con un estudio realizado por Kadesjo y Gillberg (2001) donde
encontraron trastornos de la coordinación motora en un 47% de los escolares
con TDAH.
Algunos autores (Hadders-Algra y Groothuis, 1999; Kroes et al, 2002) han
observado que la calidad de la motricidad durante los 5-6 primeros años de
vida puede predecir la posterior aparición, de forma evidente, de la
sintomatología del TDAH.
ARTÍCULO 3. MOTRICIDAD EN LOS NIÑOS CON SÍNDROME DE DOWN
Fran Stafford
Fundación Síndrome de Down de Cantabria
En los primeros años de vida, los niños cambian rápidamente: de ser
totalmente dependientes, con los movimientos controlados por reflejos, a ser
individuos independientes, capaces de empezar la educación en un centro
escolar. Desde los primeros días los niños empiezan a tener experiencias
nuevas de posturas y movimientos, que proporcionan sensaciones nuevas,
como el conocimiento de su propio cuerpo (¿Qué es moverse?) y su relación
con el entorno que le rodea (¿Dónde me muevo?) Esta base es fundamental
para el desarrollo del movimiento voluntario, los conocimientos, el juego, la
visión, la audición y la percepción.
La mayoría de los niños siguen una secuencia de etapas del desarrollo
bastante predecible que consiste en voltear, sentarse, reptar, gatear, ponerse
de pie y andar; pero existe una amplia variación en la edad a la que se
adquieren estas etapas. Algunos andan precozmente sin gatear mientras otros
se desplazan sentados o utilizan otros métodos de desplazamiento antes de
andar.
En el síndrome de Down
En el síndrome de Down existe una variación aún más amplia en adquirir las
etapas de desarrollo y hemos observado que la secuencia no es tan predecible.
Podemos afirmar que los niños serán capaces de andar, gatear, etc., pero
mantenemos una actitud bastante flexible en relación con el orden en que han
de conseguir las etapas de desarrollo, siempre que sean movimientos y
posturas útiles y correctas.
Una de las características más notables en los niños con síndrome de Down es
el retraso del desarrollo motor. Este ha sido tema de numerosos estudios;
todos coinciden en que los factores más significantes son los siguientes:
1. Hipotonía y retraso en el desarrollo postural normal, posiblemente
causado por un retraso de la maduración del cerebelo. Las respuestas
posturales lentas ante la pérdida de equilibrio restan eficacia para
mantener la estabilidad. La hipotonía ocurre en casi todos los niños en
mayor o menor grado, con tendencia a desaparecer con la edad.
2. Retraso en la maduración del cerebro, caracterizado por una
persistencia de reflejos primitivos (movimientos controlados por reflejos).
Ejemplo: el reflejo del susto (Moro) puede tardar varios meses en
desaparecer y en este caso es necesario a veces adaptar algunos de los
ejercicios.
3. Laxitud de ligamentos, que añadido a la falta de tono muscular
(hipotonía) produce hipermovilidad en las articulaciones.
4. Otros factores que influyen en este retraso son la prematuridad, la
hospitalización, el estado general de salud, la cardiopatía, las
dificultades de visión, si las hubiera.
5. Los niños mayores con síndrome de Down tienen dificultades de control
viso-motor, de lateralidad y de coordinación ojo-mano.
La característica fundamental del desarrollo motor no consiste en conseguir un
determinado hito o jalón motor, como sentarse o tenerse de pie, sino en el
modo en cómo se incorpora éste al desarrollo general de la función y de la
habilidad motora.
En líneas generales, podemos decir que la mayoría de los niños consiguen las
diferentes etapas de desarrollo a través de sus propias experiencias y otros
necesitan ayuda. Normalmente el desarrollo se inicia desde la cabeza hacia
abajo y desde la línea media hacia fuera, así que la primera tarea es conseguir
el control de la cabeza. Una vez conseguido, el bebé, entonces, va adquiriendo
el control del tronco e inicia el movimiento del cuerpo de un lado a otro (volteo)
y empieza a mantenerse en posición sentado. En este momento, pueden
aprender a mover sus brazos y piernas hacia fuera y de manera independiente.
El desarrollo de la motricidad fina está asociado con el control de la cabeza y
el tronco, la adquisición de una postura firme, estabilidad a nivel de los
hombros y movimientos de los brazos.
Los recién nacidos con síndrome de Down no deben mantener la misma
postura durante mucho tiempo; son necesarios los cambios de la postura
―boca abajo, boca arriba y a ambos costados― para favorecer, entre otros
aspectos, la buena formación de la cabeza y de las caderas; sin embargo, la
mejor postura para dormir es la de boca arriba. Todos los niños aprenden sus
primeros movimientos más fácilmente si les ponemos directamente en el suelo
o en una colchoneta, reservando la cuna sólo para dormir.
Uno de los aspectos a destacar en la estimulación del área motora de los niños
que tienen hipotonía es la falta de estabilidad en las posturas, más que la falta
de fuerza. Los niños que tienen costumbre de trabajar a diario desde muy
pequeños cogen el gusto a moverse y aceptan mejor las sesiones de trabajo.
La estimulación no debe ser un incordio para ellos, nunca debe producir
sufrimiento o miedo. Al principio el sistema vestibular es muy sensible. Un
movimiento lento y rítmico actúa como un sedante mientras que un movimiento
brusco provoca el reflejo de susto. Si una actividad produce miedo se puede
modificar, pero no se debe dejar de realizar. Hemos encontrado que las
actividades que con más frecuencia producen esta reacción son:
a. Las que están relacionadas con la utilización precoz del balón grande.
Este aparato es de gran utilidad para ayudar a conseguir diversos
movimientos y posturas, por ejemplo, el volteo, la sedestación, los
apoyos, las primeras sensaciones cuando se carga el peso en las
piernas, etc... Pero no es un aparato esencial. Se pueden realizar los
mismos ejercicios encima de las piernas de su madre o encima de un
rulo para que el niño no se asuste o coja miedo.
b. Los ejercicios de volteo, aunque sean en el suelo, a veces producen
sensación de caer que puede provocar el reflejo de susto. Pueden ser
fácilmente modificados utilizando las rodillas de la madre como base o
una sábana para mover al niño.
c. Los ejercicios para estimular los apoyos pueden modificarse de muchas
maneras, como por ejemplo utilizando el cuerpo del estimulador, un
rodillo, etc.
El programa de estimulación precoz debe ser llevado a cabo por los padres con
asesoramiento de los profesionales. Se debe trabajar con los niños con
tranquilidad y alegría porque la ansiedad y el miedo transmiten una falta de
seguridad a los niños. Por último, debemos resaltar la importancia de
incorporar el ejercicio físico en la vida de estas personas, pero no sólo al
principio, sino como una actividad habitual a lo largo de la vida.
Los ejercicios específicos a realizar para promover el desarrollo de la
motricidad gruesa y de la motricidad fina están descritos, respectivamente, en
las páginas:
https://www.downciclopedia.org/educacion/atencion-temprana/313-motricidad-
gruesa
https://www.downciclopedia.org/educacion/atencion-temprana/320-motricidad-
fina

Quinta parte

  • 1.
    ARTICULO 1. MOTRICIDADEN LOS NIÑOS CON AUTISMO José Ramón AlonsoFebruary 16, 2017 Este artículo surge de una pregunta de un padre de un niño con autismo cuyo hijo, que está entrando en la pubertad, ha empezado a doblar un pie lo que le dificulta el caminar. El mensaje era muy amable pero prefiero contestar en el blog por si a alguna otra familia le sirve de ayuda esta información. Por otro lado, ya he mencionado otras veces que no respondo consultas clínicas, ni comento diagnósticos. Me parece un riesgo enorme buscar información sobre salud en una página que no sea de un servicio público de prestigio, pienso que es una irresponsabilidad si alguien diagnostica a una persona sin verla y mi consejo siempre es el mismo: póngase en manos de un profesional que sepa sobre los TEA y huya de los que le prometan milagros, soluciones fáciles y caras, y terapias «alternativas»: si una «medicina alternativa» funciona, se llama «medicina». Las personas con autismo tienen dificultades en la función motora gruesa (la que implica grandes movimientos de brazos, piernas, torso o pies) y en la coordinación motora, el funcionamiento coordinado de diferentes músculos, articulaciones y huesos. En niños con autismo se han observado alteraciones en los hitos del desarrollo motor (a qué edad gatea, a qué edad da los primeros pasos), hipotonía (bajo tono muscular), rigidez muscular, acinesia (falta o pérdida del movimiento), bradicinesia (lentitud de los movimientos voluntarios asociada a una disminución de los movimientos automáticos, como el braceo al caminar), alteraciones en el control de la postura y marcha anómala. Con respecto a las habilidades motoras gruesas, los niños con autismo suelen estar, de media, medio año por detrás de sus compañeros. Aunque esta fase del desarrollo motor no depende del contexto social, hay que recordar que normalmente se domina a base de observar a otros e imitar lo que están haciendo. También pueden tener que ver con una menor capacidad de atención, menores habilidades para el juego, o un exceso de sensibilidad táctil y otras aversiones. En relación a la hipotonía, un niño con ese bajo tono muscular suele estar como «blandito», siempre apoyándose en algo y a menudo siendo incapaz de mantenerse erguido durante un tiempo prolongado. Cosas como sentarse o recoger un objeto del suelo dan la impresión de que le cuestan más que a otros niños y pueden producirse problemas de equilibrio, torpeza, caídas frecuentes, dificultades para estar con sus compañeros, se cansa fácilmente o cualquier tarea sencilla parece que le requiere más esfuerzo que a los demás. La rigidez muscular genera la sensación de que el niño está tenso, al tocarle se nota esa rigidez característica pero es más rara en los niños con autismo que la hipotonía.
  • 2.
    Lo más estudiadoson las anomalías en el paso o andadura. Por ejemplo, los niños con autismo tienden a reducir la longitud del paso, aumentar la anchura del paso incrementando de esa manera la base de apoyo y aumentar el tiempo en la fase de apoyo, el tiempo en el que el pie está apoyado en el suelo. Todo ello aumenta su estabilidad. Muchos niños con autismo tienen tendencia a andar de puntillas, algo que puede disminuir su equilibrio, con lo que aumentan las caídas, y también disminuye su resistencia, con lo que aumenta su cansancio y participan menos en actividades sociales. Estos síntomas motores pueden afectar a la habilidad del niño para llevar a cabo actividades de la vida cotidiana como jugar, hacer deporte, caminar. A su vez, un modo raro de andadura puede generar dolor, fatiga, callos, debilidad en algunos músculos, estrés de las articulaciones, lo que a su vez puede afectar a las capacidades funcionales del muchacho. Por eso es importante conocer la función neuromuscular y biomecánica de los niños con autismo. Algunos niños con autismo presentan también dificultades en la planificación motora. Este proceso es lo que permite entender un movimiento, imaginar cómo hacerlo, coordinar a los distintos músculos que deben intervenir y ejecutar esa actividad. Algunos movimientos, como atravesar un espacio lleno de gente de un lado a otro como un recreo, pueden ser complejos y algunos niños pueden tener dificultades planificando ese movimiento o llevándolo a cabo, lo que puede provocar que choquen con otros niños o con objetos. Aunque la peculiar forma de andar de los niños con autismo ha sido observada desde el estudio pionero de Kanner en 1943 -que describía a estos niños como torpes- es un tema apenas estudiado, con poco más de una docena de artículos. Lo más interesante es un artículo publicado en 1981 y otro en 2011 que estudiaron la forma de andar de muchachos con autismo frente a controles y una revisión de 2015 que resume los estudios previos. El grupo de Vilensky estudió 21 niños con autismo, 15 controles y 5 niños con hiperactividad y agresividad. El grupo de Calhoun de la Universidad de New Brunswick en Canadá estudiaron doce niños con autismo y 22 niños controles de las mismas edades. En los dos artículos es un número de casos bastante escaso.
  • 3.
    El grupo deVilensky estudió la marcha y encontró en los niños con autismo fases de apoyo más largas (cuando el pie está en contacto con el suelo), pasos más cortos, un aumento en la flexión de la cadera cuando los dedos del pie se separan del suelo, una disminución de la extensión de la rodilla y un patrón alterado de los contactos de los pies. Curiosamente, estos autores sugerían que la forma de andar de los niños con autismo recordaba a los adultos con párkinson, lo que podría indicar una afectación en los primeros de los ganglios basales. También se ha comentado la posible implicación del cerebelo, algo de lo que hay más evidencias neuropatológicas. El estudio de Calhoun y colaboradores encuentra diferencias significativas en la cadencia del paso y la cinética de cadera y tobillo, lo que se refleja en una reducción de los movimientos flexores de la planta y un aumento del ángulo de dorsoflexión. La razón puede ser una hipotonía muscular, que fue confirmada en un tercio de los niños con autismo. No vieron en cambio diferencias para la longitud de los pasos ni en la velocidad de la marcha. No estudiaron otros aspectos que podrían ser de interés como haber hecho electromiografías para medir la actividad de músculos concretos. Los fisioterapeutas están formados para ayudar a los niños en todas estas temáticas relacionadas con el movimiento. Si el problema es un retraso en las habilidades motoras gruesas, pueden enseñar ejercicios que se pueden practicar en casa para enseñarles modelos de movimientos y mejorar el equilibrio y la coordinación a través de un juego funcional. Si el problema es la marcha, pueden enseñar al niño como estirar músculos acortados o fortalecer los más débiles al mismo tiempo que trabajan en la biomecánica del paso. Mientras que el tono es algo inherente al sistema neuromuscular, los músculos se pueden fortalecer para compensar esas diferencias y del mismo modo la planificación motora se puede mejorar trabajando en ejercicios concretos, estableciendo objetivos y trabajando con el niño y los padres. El análisis de la marcha de los niños con autismo puede ser útil para establecer tratamientos y tener un seguimiento de sus habilidades motoras gruesas. Finalmente, es posible que estos problemas sutiles detectados en los niños con autismo, que en la mayoría de los muchachos pasan desapercibidos, puedan llegar a afectar notablemente a su forma de caminar y, consecuentemente, a su movilidad, participación en las actividades educativas, laborales y de ocio y, en resumen, a su calidad de vida.
  • 4.
    ARTÍCULO 2. TDAH,COORDINACIÓN MOTORA Y CAPACIDAD EN EL DEPORTE La dificultad para el deporte de los sujetos con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es la menos estudiada, en la que menos se ha enfatizado y de la que menos se sabe de los trastornos comórbidos del TDAH. Las razones por las cuales se debiera investigar el área que relaciona el TDAH, los Trastornos dela Coordinación Motoray la capacidad en el deporte, no son otras que tener una concepción del trastorno mucho más amplia y más integrada, a la vez que, tener la posibilidad de ayudar a estos niños con programas de actuación motora más eficaces. De este modo se podrán realizar intervenciones que atenúen la incapacidad en el desempeño de actividades propias de su edad, ya que mejorando este aspecto de su vida, las repercusiones en el área emocional y social se verían gratamente beneficiadas. Las personas con TDAH son generalmente torpes, y aunque hayan desarrollado una musculatura y tengan la fuerza suficiente que les permita realizar algunas actividades físicas determinadas (ciclismo o natación), les falta habilidad y coordinación motriz en las partes distales de las extremidades (manos y pies), siendo buenos ejemplos la poca capacidad para el baile, los instrumentos musicales, o el agarre y manejo del balón (Pascual-Castroviejo, 2004). Según un estudio realizado por Piek, Pitcher y Hay (1999), más del 50% de los niños diagnosticados con TDAH pueden tener problemas motores. Estos datos concuerdan con un estudio realizado por Kadesjo y Gillberg (2001) donde encontraron trastornos de la coordinación motora en un 47% de los escolares con TDAH. Algunos autores (Hadders-Algra y Groothuis, 1999; Kroes et al, 2002) han observado que la calidad de la motricidad durante los 5-6 primeros años de vida puede predecir la posterior aparición, de forma evidente, de la sintomatología del TDAH.
  • 5.
    ARTÍCULO 3. MOTRICIDADEN LOS NIÑOS CON SÍNDROME DE DOWN Fran Stafford Fundación Síndrome de Down de Cantabria En los primeros años de vida, los niños cambian rápidamente: de ser totalmente dependientes, con los movimientos controlados por reflejos, a ser individuos independientes, capaces de empezar la educación en un centro escolar. Desde los primeros días los niños empiezan a tener experiencias nuevas de posturas y movimientos, que proporcionan sensaciones nuevas, como el conocimiento de su propio cuerpo (¿Qué es moverse?) y su relación con el entorno que le rodea (¿Dónde me muevo?) Esta base es fundamental para el desarrollo del movimiento voluntario, los conocimientos, el juego, la visión, la audición y la percepción. La mayoría de los niños siguen una secuencia de etapas del desarrollo bastante predecible que consiste en voltear, sentarse, reptar, gatear, ponerse de pie y andar; pero existe una amplia variación en la edad a la que se adquieren estas etapas. Algunos andan precozmente sin gatear mientras otros se desplazan sentados o utilizan otros métodos de desplazamiento antes de andar. En el síndrome de Down En el síndrome de Down existe una variación aún más amplia en adquirir las etapas de desarrollo y hemos observado que la secuencia no es tan predecible. Podemos afirmar que los niños serán capaces de andar, gatear, etc., pero mantenemos una actitud bastante flexible en relación con el orden en que han de conseguir las etapas de desarrollo, siempre que sean movimientos y posturas útiles y correctas. Una de las características más notables en los niños con síndrome de Down es el retraso del desarrollo motor. Este ha sido tema de numerosos estudios; todos coinciden en que los factores más significantes son los siguientes:
  • 6.
    1. Hipotonía yretraso en el desarrollo postural normal, posiblemente causado por un retraso de la maduración del cerebelo. Las respuestas posturales lentas ante la pérdida de equilibrio restan eficacia para mantener la estabilidad. La hipotonía ocurre en casi todos los niños en mayor o menor grado, con tendencia a desaparecer con la edad. 2. Retraso en la maduración del cerebro, caracterizado por una persistencia de reflejos primitivos (movimientos controlados por reflejos). Ejemplo: el reflejo del susto (Moro) puede tardar varios meses en desaparecer y en este caso es necesario a veces adaptar algunos de los ejercicios. 3. Laxitud de ligamentos, que añadido a la falta de tono muscular (hipotonía) produce hipermovilidad en las articulaciones. 4. Otros factores que influyen en este retraso son la prematuridad, la hospitalización, el estado general de salud, la cardiopatía, las dificultades de visión, si las hubiera. 5. Los niños mayores con síndrome de Down tienen dificultades de control viso-motor, de lateralidad y de coordinación ojo-mano. La característica fundamental del desarrollo motor no consiste en conseguir un determinado hito o jalón motor, como sentarse o tenerse de pie, sino en el modo en cómo se incorpora éste al desarrollo general de la función y de la habilidad motora. En líneas generales, podemos decir que la mayoría de los niños consiguen las diferentes etapas de desarrollo a través de sus propias experiencias y otros necesitan ayuda. Normalmente el desarrollo se inicia desde la cabeza hacia abajo y desde la línea media hacia fuera, así que la primera tarea es conseguir el control de la cabeza. Una vez conseguido, el bebé, entonces, va adquiriendo el control del tronco e inicia el movimiento del cuerpo de un lado a otro (volteo) y empieza a mantenerse en posición sentado. En este momento, pueden aprender a mover sus brazos y piernas hacia fuera y de manera independiente. El desarrollo de la motricidad fina está asociado con el control de la cabeza y el tronco, la adquisición de una postura firme, estabilidad a nivel de los hombros y movimientos de los brazos. Los recién nacidos con síndrome de Down no deben mantener la misma postura durante mucho tiempo; son necesarios los cambios de la postura ―boca abajo, boca arriba y a ambos costados― para favorecer, entre otros aspectos, la buena formación de la cabeza y de las caderas; sin embargo, la mejor postura para dormir es la de boca arriba. Todos los niños aprenden sus primeros movimientos más fácilmente si les ponemos directamente en el suelo o en una colchoneta, reservando la cuna sólo para dormir. Uno de los aspectos a destacar en la estimulación del área motora de los niños que tienen hipotonía es la falta de estabilidad en las posturas, más que la falta de fuerza. Los niños que tienen costumbre de trabajar a diario desde muy pequeños cogen el gusto a moverse y aceptan mejor las sesiones de trabajo.
  • 7.
    La estimulación nodebe ser un incordio para ellos, nunca debe producir sufrimiento o miedo. Al principio el sistema vestibular es muy sensible. Un movimiento lento y rítmico actúa como un sedante mientras que un movimiento brusco provoca el reflejo de susto. Si una actividad produce miedo se puede modificar, pero no se debe dejar de realizar. Hemos encontrado que las actividades que con más frecuencia producen esta reacción son: a. Las que están relacionadas con la utilización precoz del balón grande. Este aparato es de gran utilidad para ayudar a conseguir diversos movimientos y posturas, por ejemplo, el volteo, la sedestación, los apoyos, las primeras sensaciones cuando se carga el peso en las piernas, etc... Pero no es un aparato esencial. Se pueden realizar los mismos ejercicios encima de las piernas de su madre o encima de un rulo para que el niño no se asuste o coja miedo. b. Los ejercicios de volteo, aunque sean en el suelo, a veces producen sensación de caer que puede provocar el reflejo de susto. Pueden ser fácilmente modificados utilizando las rodillas de la madre como base o una sábana para mover al niño. c. Los ejercicios para estimular los apoyos pueden modificarse de muchas maneras, como por ejemplo utilizando el cuerpo del estimulador, un rodillo, etc. El programa de estimulación precoz debe ser llevado a cabo por los padres con asesoramiento de los profesionales. Se debe trabajar con los niños con tranquilidad y alegría porque la ansiedad y el miedo transmiten una falta de seguridad a los niños. Por último, debemos resaltar la importancia de incorporar el ejercicio físico en la vida de estas personas, pero no sólo al principio, sino como una actividad habitual a lo largo de la vida. Los ejercicios específicos a realizar para promover el desarrollo de la motricidad gruesa y de la motricidad fina están descritos, respectivamente, en las páginas: https://www.downciclopedia.org/educacion/atencion-temprana/313-motricidad- gruesa https://www.downciclopedia.org/educacion/atencion-temprana/320-motricidad- fina