El Reglamento de Tierras de 1815 de Artigas proponía distribuir las tierras confiscadas a los enemigos de la revolución entre los más desposeídos como forma de fomentar la producción. Los beneficiarios recibirían suertes de estancia de hasta 7,500 hectáreas con ganado, pero las tierras serían de usufructo para evitar el latifundio. Además, se establecían medidas para consolidar el orden y la seguridad en el campo. A pesar de los obstáculos, el reglamento se aplicó hasta la invasión