Tras la Guerra de las Dos Rosas, se impuso la dinastía Tudor en Inglaterra. Enrique VII restableció la autoridad real y Enrique VIII estableció la Iglesia Anglicana. Luego de los cortos reinados de Eduardo VI y María I, Isabel I llevó la nación a su esplendor durante la Era Isabelina (1558-1603) al oficializar la religión anglicana, impulsar el desarrollo económico y cultural, y derrotar a la Armada Invencible española.