Martes 20 de mayo de 2014
¿Son tan inocentes los tablets?
"A muchos niños dibujar y escribir les parece aburrido y fatigoso, por lo que
manifiestan una gran resistencia a hacerlo. Es lógico: dibujar y escribir en la
pantalla es más fácil y queda tanto mejor, pero ello implica que quedan
funciones sin desarrollar..."
Neva Milicic, Revista Ya , El Mercurio
Las pantallas en sus diversas formas son una fuente de conflicto entre los niños y sus padres,
no porque en sí mismas sean malas, sino porque la cantidad de horas que los niños les
dedican en desmedro de otros juegos y actividades es enorme. Los tablets han venido a
aumentar el tiempo que los niños están expuestos a las pantallas y es indudable que ejercen
en ellos una fascinación desde que son pequeños. Si se les permite, pueden pasar horas
jugando y es muy difícil poner límites, pero es esencial hacerlo, ya que una excesiva
exposición puede terminar siendo negativa para su desarrollo.
La ONG Common Sense Media reporta que uno de cada tres niños ha jugado con celulares y
tablets antes de aprender a hablar. Entre otras cosas se les acusa de que su uso en exceso
puede producir un retraso en la grafomotricidad, ya que las actividades de lápiz y papel que
facilitan la escritura pasan a segundo plano.
A muchos niños dibujar y escribir les parece aburrido y fatigoso, por lo que manifiestan una
gran resistencia a hacerlo. Es lógico: dibujar y escribir en la pantalla es más fácil y queda tanto
mejor, pero ello implica que quedan funciones sin desarrollar.
"A veces bendigo al que inventó el iPad en los viajes largos cuando están enfermos de
aburridos. Me ha servido para que mi hijo de cinco años reconozca las letras, para que se
haya formado un vocabulario básico en inglés y todo a costo cero. Pero cuando quiero que
tome un lápiz y un papel maldigo la hora en que acepté que la abuela nos regalara uno,
porque la resistencia a trabajar en un cuaderno me preocupa; sus dibujos son pobres y muy
infantiles. Por suerte, el iPad es de la familia y así logro tener un cierto control", dice una joven
madre.
Las horas que pasan sentados frente a la pantalla perjudican el desarrollo de la motricidad
gruesa y aumentan el riesgo de obesidad por la restricción de la actividad física que implica
pasar un promedio de tres a cuatro horas frente a algún aparato. Además, mueven menos su
cuerpo porque se reduce el tiempo que juegan con amigos. La regulación y la moderación son
la clave.
La verdad es que los padres a veces no tienen mucha autoridad, ya que ellos mismos abusan
y hacen lo mismo que sus hijos en las redes sociales: pasan demasiado tiempo conectados.
La tendencia, que ha recibido el nombre de "oversharing" (algo así como "sobrecompartir"),
implica una difusión excesiva de las escenas de la vida doméstica en las redes, con lo que se
pierde intimidad.
Los tablets pueden llevar a que niños y adultos se hagan casi adictos, o al menos les
dediquen más tiempo de lo recomendable en desmedro de otras actividades. Un problema
que no es de la tecnología, sino que de la forma en que dejamos que nos invada.

Tablets

  • 1.
    Martes 20 demayo de 2014 ¿Son tan inocentes los tablets? "A muchos niños dibujar y escribir les parece aburrido y fatigoso, por lo que manifiestan una gran resistencia a hacerlo. Es lógico: dibujar y escribir en la pantalla es más fácil y queda tanto mejor, pero ello implica que quedan funciones sin desarrollar..." Neva Milicic, Revista Ya , El Mercurio Las pantallas en sus diversas formas son una fuente de conflicto entre los niños y sus padres, no porque en sí mismas sean malas, sino porque la cantidad de horas que los niños les dedican en desmedro de otros juegos y actividades es enorme. Los tablets han venido a aumentar el tiempo que los niños están expuestos a las pantallas y es indudable que ejercen en ellos una fascinación desde que son pequeños. Si se les permite, pueden pasar horas jugando y es muy difícil poner límites, pero es esencial hacerlo, ya que una excesiva exposición puede terminar siendo negativa para su desarrollo. La ONG Common Sense Media reporta que uno de cada tres niños ha jugado con celulares y tablets antes de aprender a hablar. Entre otras cosas se les acusa de que su uso en exceso puede producir un retraso en la grafomotricidad, ya que las actividades de lápiz y papel que facilitan la escritura pasan a segundo plano. A muchos niños dibujar y escribir les parece aburrido y fatigoso, por lo que manifiestan una gran resistencia a hacerlo. Es lógico: dibujar y escribir en la pantalla es más fácil y queda tanto mejor, pero ello implica que quedan funciones sin desarrollar. "A veces bendigo al que inventó el iPad en los viajes largos cuando están enfermos de aburridos. Me ha servido para que mi hijo de cinco años reconozca las letras, para que se haya formado un vocabulario básico en inglés y todo a costo cero. Pero cuando quiero que tome un lápiz y un papel maldigo la hora en que acepté que la abuela nos regalara uno, porque la resistencia a trabajar en un cuaderno me preocupa; sus dibujos son pobres y muy infantiles. Por suerte, el iPad es de la familia y así logro tener un cierto control", dice una joven madre. Las horas que pasan sentados frente a la pantalla perjudican el desarrollo de la motricidad gruesa y aumentan el riesgo de obesidad por la restricción de la actividad física que implica pasar un promedio de tres a cuatro horas frente a algún aparato. Además, mueven menos su cuerpo porque se reduce el tiempo que juegan con amigos. La regulación y la moderación son la clave. La verdad es que los padres a veces no tienen mucha autoridad, ya que ellos mismos abusan y hacen lo mismo que sus hijos en las redes sociales: pasan demasiado tiempo conectados. La tendencia, que ha recibido el nombre de "oversharing" (algo así como "sobrecompartir"), implica una difusión excesiva de las escenas de la vida doméstica en las redes, con lo que se pierde intimidad. Los tablets pueden llevar a que niños y adultos se hagan casi adictos, o al menos les dediquen más tiempo de lo recomendable en desmedro de otras actividades. Un problema que no es de la tecnología, sino que de la forma en que dejamos que nos invada.