HistoriaMedieval y TempranoModerna
Fernandode los Ángeles
1
Tema N° 1: “EL IMPERIO BIZANCIO: LAS QUERELLAS ICONOCLASTAS”
La primera etapa del Imperio comprende del 395 al 850 y en este periodo destaca el reinado de
Justiniano (527-565) quien intentó reconstruir el Imperio Romano, aunque sus conquistas en el
Mediterráneo sólo se mantuvieron un breve tiempo. Los fundamentos de la cultura bizantina serán: el
derecho y la administración romana, el idioma, el arte y las letras griegas y las creencias y costumbres
cristianas. Desde el punto de vista del poder político, se va consolidando la posición autocrática del
emperador con intervención en los asuntos religiosos: cesaropapismo.
Tanto el Oriente como el Occidente el monacato fue el principal instrumento de cristianización del
mundo rural, que, en esta época acogía a la mayor parte de la población. Uno de los elementos que
caracterizan la mentalidad campesina ha sido, en todas las épocas, la resistencia al cambio y, por tanto,
los procesos de sustitución de sus creencias se han producido siempre de manera lenta y gradual. Por
ello, para atraer a los campesinos hacia la iglesia, los monjes aprovecharon algunos elementos visuales
de las antiguas creencias, revistiéndolos con un significado cristiano. Fue así como se reutilizaron en
parte la iconografía y las celebraciones religiosas de los viejos dioses y diosas para encarnar a los santos
y a la Virgen. Sus retratos imaginarios, los iconos, que se hallaban en los monasterios, constituyeron el
incentivo para que éstos se convirtieran en centros de peregrinación y, por tanto, en un elemento de
intervención sobre el mundo campesino. Sin embargo, esta práctica chocaba con la actitud de la Iglesia
Secular, con el patriarca de Constantinopla y el Emperador a la cabeza, que defendían un pensamiento
religioso más abstracto.
El emperador cristiano es un instrumento elegido por Dios y su vicario en la tierra. Iglesia y Estado
formaban una unidad mítica. Ósea que la religión podía convertirse con la misma facilidad en
instrumento de la política como el Estado en servicio de la Iglesia. Maier plantea que “el poder social y
la autoridad espiritual de la Iglesia siguieron siendo hasta el final del imperio elementos
fundamentales de la sociedad bizantina: la religión ortodoxa se convirtió en un elemento unificador
dentro de la diversidad de pueblos en el imperio. La fe era, (…), el camino indiscutible para solucionar
los problemas de la existencia. La fe transformó la concepción del mundo de todas las clases sociales,
y los problemas teológicos, penetraron muy profundamente en las masas”1.
1 MAIER, F. (1986): “Transformaciones en el mundo mediterráneo antiguo. Bizancio como problema histórico”. Madrid,
Akal.
En 717 Constantinopla se encontraba bloqueada por los árabes y asume León III el Isaúrico quien
adquirió una considerable reputación por el éxito de la resistencia de la ciudad. Con este Emperador se
inicia la dinastía siria, partidaria de la iconoclastia. La prohibición del culto a las imágenes fue una de las
tantas medidas de guerra que se venían llevando adelante. Cuando hacemos mención al término guerra
decimos que es un acto donde desaparece la racionalidad, “(…) pero en algunas ocasiones, como en el
caso de la guerra desatada en Bizancio a causa de la controversia sobre el valor de las imágenes, esta
irracionalidad parecesuperar todo límite.Fue una querella, aparentemente doctrinaria la que provoco
una guerra civil y, como resultado de ella, un siglo de iconoclastia, es decir, un siglo durante el cual las
imágenes estaban prohibidas”2. Sin embargo este movimiento iconoclasta no iba dirigido propiamente
contra el arte en general; sino que solo estaba en contra de las representaciones de contenido religioso.
Se introduce la teoría de que las representaciones pictóricas de la Sagrada Familia, de los Apóstoles y de
los Santos solamente conducían a la Idolatría, por esa razón se decide perseguir a los que seguían fieles
a la doctrina del culto a las imágenes.
La oposición al culto de las imágenes en los siglos VIII y IX no era una tendencia nueva ni insólita
en absoluto. El arte cristiano, al representar el cuerpo humano en los mosaicos, frescos, esculturas o
grabados había, desde hacía mucho, preocupado a mucha gente profundamente religiosa, a causa de la
semejanza de aquello que tenía con las prácticas del abandonado paganismo. Ya a principios del siglo
IV, el Conciliode Elvira,España, había decidido que no debía haber pinturas en las iglesias,quelos muros
no debían tener imagen alguna de lo que era reverenciado y adorado.
León III pretendía llevar adelante una política realmente cristiana, basando sus ideas en la Biblia,
ya que el libro del Éxodo plantea que “No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba
en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te
postrarás ante ellas ni le darás culto (…)”3. Tratando perfeccionar la vida imperial y así corregir las
desviaciones de la vida monástica. Los cristianos se opusieron al naturalismo de los iconografía sacras,
ya que los devotos creían que estas tenían cualidades sobrenaturales. Para el movimiento que prohibía
la adoración de las imágenes, pensaban que estas prácticas promovían la idolatría. Ya que estos creían
que era un “error satánico” que solamente confundía a los hombres para volver a prácticas paganas.
Uno de los temas más significativos del movimiento hacia referencia a la forma y legitimidad de la
Representación de Cristo. Planteaban que se profanaba su impenetrable figura al representarlo, ya que
era inconcebible dividir la unión hipostática del redentor: al tratar de representar sólo la carne, se
2 RODRIGUEZ R., Delfin,OTROS, (1998): “Historia del Arte” 2do Bachillerato.Madrid,Akal.p. 85
3 La Santa Biblia,Sociedades BíblicasUnidas,Colombia,1960,pp.4-5
negaba la condición celestial de Cristo y al intentar representar la parte divina, eran criticados por tratar
de explicar elementos que están absolutamente fuera del alcance de la comprensión humana. Por lo
tanto, por medio de la piedra, la madera o la pintura, era imposible penetrar en los misterios de la fe.
Si bien la forma llevada adelante por los iconoclastas es cuestionable, es necesario considerar las
intenciones: no solo van en buscar del perfeccionamiento moral de los monasterios o eliminar la
idolatría, sino que tratan de alcanzar la pureza de la fe, la salvación de todos los integrantes de la
sociedad imperial ya condenados por caer en el pecado y la idolatría.
Mientras que este movimiento iconoclasta condenaba la veneración de los iconos sacros, los
Iconódulos sostenían que era legal la utilización de las representaciones sacras, para cumplir los
objetivos confesionales de los creyentes. Estos también basaban sus argumentos en las Sagradas
Escrituras y como defensores sostenían que la unión hipostática no se veía afectada por medio del arte,
ya que es indivisible, siendo única y dual, humana y divina, al mismo tiempo. Por lo tanto argumentan
que no pretenden representar la parte humana de Cristo o la parte celestial exclusivamente, sino que
estos pretenden recrear la figura humana del Dios encarnado.
Las obras artísticas de carácter religioso también una función pedagógica. El Papa Gregorio el
Grande, recordó a los que oponían a toda especie gráfica, que la mayoría de los miembros que
integraban la iglesia no sabían leer ni escribir, por lo tanto las imágenes eran muy útiles, ya que según
Bayne los iconos sagrados “iban a constituir la Biblia del ignorante. La imagen es el monumento, habla
la vista como las palabras al oído, hacer comprender”4. Es así que los iletrados que o pueden leer las
escrituras sagradas puedan, observando las pinturas, conocer los hechos humanos de los que
verdaderamente sirvieron a Dios,y se sientan incitados a estimular estas hazañas gloriosas y celebradas.
El Patriarca de Constantinopla German sostiene que el culto a las imágenes no podía entenderse
como idolatría, ya que el creyente no adoraba la imagen, sino que ella representaba. Estos iconos eran
vehículos de la fe ya que toda manifestación de culto hacia los Santos o los iconos, en último término s
dirige a Dios, que es la fuente primordial de todo bien y de toda santidad.
El arte sacro no tenía la función de explicar o intentar comprender los misterios de la fe, sino que
estas imágenes o iconos eran la revelación misma de la fe, es decir, un vehículo entre el creyente devoto
y Dios: se considera el arte como una vía de salvación.
4 BAYNE, N. (1951): “El Imperio Bizantino”. México. FCE, p. 73
El enfrentamiento entre Iconoclastas e Iconódulos terminó con el triunfo de los que veneraban
los iconos tras el Concilio de Nicea, restaurándose así nuevamente el culto a las imágenes.
BIBLIOGRAFÍA:
- BAYNES, N. (1951): “El Imperio Bizantino”. México, FCE.
- HAUSER, A. (1993): “Historia Social de la Literatura y el Arte”. Tomo I. Barcelona, Labor.
- HEERS, J. (1984): “Historia de la Edad Media”. Barcelona. Ed. Labor.
- MAIER, F. (1986): “Transformaciones en el mundo mediterráneo antiguo. Bizancio como
Problema histórico”. Akal.
- VASILIEV, A. (1945): “Historia del Imperio Bizantino”. Tomo 1. Ed. Iberia de Barcelona, España.

Tema 1, imperio bizantino

  • 1.
    HistoriaMedieval y TempranoModerna Fernandodelos Ángeles 1 Tema N° 1: “EL IMPERIO BIZANCIO: LAS QUERELLAS ICONOCLASTAS” La primera etapa del Imperio comprende del 395 al 850 y en este periodo destaca el reinado de Justiniano (527-565) quien intentó reconstruir el Imperio Romano, aunque sus conquistas en el Mediterráneo sólo se mantuvieron un breve tiempo. Los fundamentos de la cultura bizantina serán: el derecho y la administración romana, el idioma, el arte y las letras griegas y las creencias y costumbres cristianas. Desde el punto de vista del poder político, se va consolidando la posición autocrática del emperador con intervención en los asuntos religiosos: cesaropapismo. Tanto el Oriente como el Occidente el monacato fue el principal instrumento de cristianización del mundo rural, que, en esta época acogía a la mayor parte de la población. Uno de los elementos que caracterizan la mentalidad campesina ha sido, en todas las épocas, la resistencia al cambio y, por tanto, los procesos de sustitución de sus creencias se han producido siempre de manera lenta y gradual. Por ello, para atraer a los campesinos hacia la iglesia, los monjes aprovecharon algunos elementos visuales de las antiguas creencias, revistiéndolos con un significado cristiano. Fue así como se reutilizaron en parte la iconografía y las celebraciones religiosas de los viejos dioses y diosas para encarnar a los santos y a la Virgen. Sus retratos imaginarios, los iconos, que se hallaban en los monasterios, constituyeron el incentivo para que éstos se convirtieran en centros de peregrinación y, por tanto, en un elemento de intervención sobre el mundo campesino. Sin embargo, esta práctica chocaba con la actitud de la Iglesia Secular, con el patriarca de Constantinopla y el Emperador a la cabeza, que defendían un pensamiento religioso más abstracto. El emperador cristiano es un instrumento elegido por Dios y su vicario en la tierra. Iglesia y Estado formaban una unidad mítica. Ósea que la religión podía convertirse con la misma facilidad en instrumento de la política como el Estado en servicio de la Iglesia. Maier plantea que “el poder social y la autoridad espiritual de la Iglesia siguieron siendo hasta el final del imperio elementos fundamentales de la sociedad bizantina: la religión ortodoxa se convirtió en un elemento unificador dentro de la diversidad de pueblos en el imperio. La fe era, (…), el camino indiscutible para solucionar los problemas de la existencia. La fe transformó la concepción del mundo de todas las clases sociales, y los problemas teológicos, penetraron muy profundamente en las masas”1. 1 MAIER, F. (1986): “Transformaciones en el mundo mediterráneo antiguo. Bizancio como problema histórico”. Madrid, Akal.
  • 2.
    En 717 Constantinoplase encontraba bloqueada por los árabes y asume León III el Isaúrico quien adquirió una considerable reputación por el éxito de la resistencia de la ciudad. Con este Emperador se inicia la dinastía siria, partidaria de la iconoclastia. La prohibición del culto a las imágenes fue una de las tantas medidas de guerra que se venían llevando adelante. Cuando hacemos mención al término guerra decimos que es un acto donde desaparece la racionalidad, “(…) pero en algunas ocasiones, como en el caso de la guerra desatada en Bizancio a causa de la controversia sobre el valor de las imágenes, esta irracionalidad parecesuperar todo límite.Fue una querella, aparentemente doctrinaria la que provoco una guerra civil y, como resultado de ella, un siglo de iconoclastia, es decir, un siglo durante el cual las imágenes estaban prohibidas”2. Sin embargo este movimiento iconoclasta no iba dirigido propiamente contra el arte en general; sino que solo estaba en contra de las representaciones de contenido religioso. Se introduce la teoría de que las representaciones pictóricas de la Sagrada Familia, de los Apóstoles y de los Santos solamente conducían a la Idolatría, por esa razón se decide perseguir a los que seguían fieles a la doctrina del culto a las imágenes. La oposición al culto de las imágenes en los siglos VIII y IX no era una tendencia nueva ni insólita en absoluto. El arte cristiano, al representar el cuerpo humano en los mosaicos, frescos, esculturas o grabados había, desde hacía mucho, preocupado a mucha gente profundamente religiosa, a causa de la semejanza de aquello que tenía con las prácticas del abandonado paganismo. Ya a principios del siglo IV, el Conciliode Elvira,España, había decidido que no debía haber pinturas en las iglesias,quelos muros no debían tener imagen alguna de lo que era reverenciado y adorado. León III pretendía llevar adelante una política realmente cristiana, basando sus ideas en la Biblia, ya que el libro del Éxodo plantea que “No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni le darás culto (…)”3. Tratando perfeccionar la vida imperial y así corregir las desviaciones de la vida monástica. Los cristianos se opusieron al naturalismo de los iconografía sacras, ya que los devotos creían que estas tenían cualidades sobrenaturales. Para el movimiento que prohibía la adoración de las imágenes, pensaban que estas prácticas promovían la idolatría. Ya que estos creían que era un “error satánico” que solamente confundía a los hombres para volver a prácticas paganas. Uno de los temas más significativos del movimiento hacia referencia a la forma y legitimidad de la Representación de Cristo. Planteaban que se profanaba su impenetrable figura al representarlo, ya que era inconcebible dividir la unión hipostática del redentor: al tratar de representar sólo la carne, se 2 RODRIGUEZ R., Delfin,OTROS, (1998): “Historia del Arte” 2do Bachillerato.Madrid,Akal.p. 85 3 La Santa Biblia,Sociedades BíblicasUnidas,Colombia,1960,pp.4-5
  • 3.
    negaba la condicióncelestial de Cristo y al intentar representar la parte divina, eran criticados por tratar de explicar elementos que están absolutamente fuera del alcance de la comprensión humana. Por lo tanto, por medio de la piedra, la madera o la pintura, era imposible penetrar en los misterios de la fe. Si bien la forma llevada adelante por los iconoclastas es cuestionable, es necesario considerar las intenciones: no solo van en buscar del perfeccionamiento moral de los monasterios o eliminar la idolatría, sino que tratan de alcanzar la pureza de la fe, la salvación de todos los integrantes de la sociedad imperial ya condenados por caer en el pecado y la idolatría. Mientras que este movimiento iconoclasta condenaba la veneración de los iconos sacros, los Iconódulos sostenían que era legal la utilización de las representaciones sacras, para cumplir los objetivos confesionales de los creyentes. Estos también basaban sus argumentos en las Sagradas Escrituras y como defensores sostenían que la unión hipostática no se veía afectada por medio del arte, ya que es indivisible, siendo única y dual, humana y divina, al mismo tiempo. Por lo tanto argumentan que no pretenden representar la parte humana de Cristo o la parte celestial exclusivamente, sino que estos pretenden recrear la figura humana del Dios encarnado. Las obras artísticas de carácter religioso también una función pedagógica. El Papa Gregorio el Grande, recordó a los que oponían a toda especie gráfica, que la mayoría de los miembros que integraban la iglesia no sabían leer ni escribir, por lo tanto las imágenes eran muy útiles, ya que según Bayne los iconos sagrados “iban a constituir la Biblia del ignorante. La imagen es el monumento, habla la vista como las palabras al oído, hacer comprender”4. Es así que los iletrados que o pueden leer las escrituras sagradas puedan, observando las pinturas, conocer los hechos humanos de los que verdaderamente sirvieron a Dios,y se sientan incitados a estimular estas hazañas gloriosas y celebradas. El Patriarca de Constantinopla German sostiene que el culto a las imágenes no podía entenderse como idolatría, ya que el creyente no adoraba la imagen, sino que ella representaba. Estos iconos eran vehículos de la fe ya que toda manifestación de culto hacia los Santos o los iconos, en último término s dirige a Dios, que es la fuente primordial de todo bien y de toda santidad. El arte sacro no tenía la función de explicar o intentar comprender los misterios de la fe, sino que estas imágenes o iconos eran la revelación misma de la fe, es decir, un vehículo entre el creyente devoto y Dios: se considera el arte como una vía de salvación. 4 BAYNE, N. (1951): “El Imperio Bizantino”. México. FCE, p. 73
  • 4.
    El enfrentamiento entreIconoclastas e Iconódulos terminó con el triunfo de los que veneraban los iconos tras el Concilio de Nicea, restaurándose así nuevamente el culto a las imágenes. BIBLIOGRAFÍA: - BAYNES, N. (1951): “El Imperio Bizantino”. México, FCE. - HAUSER, A. (1993): “Historia Social de la Literatura y el Arte”. Tomo I. Barcelona, Labor. - HEERS, J. (1984): “Historia de la Edad Media”. Barcelona. Ed. Labor. - MAIER, F. (1986): “Transformaciones en el mundo mediterráneo antiguo. Bizancio como Problema histórico”. Akal. - VASILIEV, A. (1945): “Historia del Imperio Bizantino”. Tomo 1. Ed. Iberia de Barcelona, España.