El documento resume la disputa entre los iconoclastas e iconódulos en el Imperio Bizantino durante los siglos VIII y IX sobre la veneración de iconos e imágenes religiosas. Los iconoclastas, liderados por el emperador León III, prohibieron el culto a las imágenes basándose en que promovía la idolatría. Los iconódulos defendieron el uso de iconos sagrados argumentando que tenían un propósito pedagógico y no era idolatría sino una forma de acercarse a Dios. La disputa terminó con el