La red de calzadas del Imperio Romano conectaba las principales ciudades de Hispania y más allá de los Pirineos con el resto del imperio. Las legiones romanas construyeron calzadas estratégicas como la Vía de la Plata de Mérida a Astorga y la Vía Hercúlea de los Pirineos a Cádiz. Las calzadas seguían un método de construcción estandarizado y estaban bien mantenidas, sirviendo como arterias comerciales y de comunicación durante casi 2000 años.