Después de la Segunda Guerra Mundial, surgieron nuevas corrientes documentales como el Cinema Verité y el Direct Cinema que cuestionaron el documental como propaganda. Estas corrientes se caracterizaron por capturar lo imprevisto con cámaras más ligeras y sincronizando el sonido, buscando ser testigos invisibles de los acontecimientos sin guión. El Cinema Verité se enfocó en encontrar al otro, mientras que el Direct Cinema capturó la tensión del presente a través de planos secuencia. Ambas corrientes privilegiaron la espontaneidad