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Los aprendices de brujo. El Correo

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Charles Darwin ya había sentenciado que «la ignorancia engendra más confianza que el conocimiento». 9 Enero 2015 El Correo

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Los aprendices de brujo. El Correo

  1. 1. E l aprendiz de brujo’ es un poema sinfónico del com- positor francés Paul Dukas, compuesto en 1896-97, inspirado en un poema de Goethe de 1797, y que muchos re- cordamos en las imágenes maravi- llosas de Walt Disney en su pelícu- la de animación ‘Fantasía’, de 1940. El poema empieza cuando el bru- jo se marcha de su taller, dejando al aprendiz al cargo de una serie de tareas rutinarias de limpieza. Can- sado de tener que cargar con cubos de agua, el aprendiz hace que una escoba acarree el agua por él utili- zando la magia que aprendió de su maestro, magia que aún no domi- na por completo. Pronto, el taller queda inundado de agua, con lo que el aprendiz comprueba que no pue- de detener el proceso que ha crea- do, porque no sabe cómo hacerlo. Desesperado, rompe la escoba a ha- chazos, pero de esas astillas nacen nuevas escobas que continúan aca- rreando agua, agravando el proble- ma todavía más. Lo inquietante es que, en nuestro entorno, parece que prevalecen una serie de aprendices de brujo mediocres que, quizás por pereza, desazón, interés político o simplemente por desconocimien- to, sólo saben aplicar una medici- na: la mano dura, el jarabe de palo. Contra el terrorismo sólo cabe endurecer las penas, la dispersión o la falta de la más mínima consi- deración o visión política, como en casos como el de Otegi, o vulnerar incluso normas fundamentales del derecho penal, como la prohibición de la aplicación retroactiva de pe- nas. Para casos como el de Marta del Castillo –en el que hay menores de edad implicados– también se ha ha- blado de endurecer penas. Ahora también se quiere castigar conduc- tas que previamente no merecían tal respuesta, como tomar imáge- nes de la Policía durante su trabajo en manifestaciones y concentra- ciones. Por supuesto que hay casos tre- mendamente inquietantes por su ensañamiento, o por el tipo de víc- tima, o por toda aquella serie de cir- cunstancias que se conjugan gene- rando gran alarma social. Pero, ¿todo se soluciona con el jarabe de palo? Con la mano dura, ¿no nos estamos limitando a atacar el síntoma y no su causa? No es lógico pensar que ese mis- mo remedio –la mano dura– sirva exactamente igual para situaciones tan dispares y distintas. Existe todo un elenco de otras medidas alter- nativas –punitivas y no punitivas– ofrecidas por toda una variedad de disciplinas para solucionar proble- mas: justicia restaurativa, media- ción penal, etc. Al aplicar mano dura, en muchos casos no habre- mos solucionado el problema. Lo habremos meramente aparcado. Y los problemas aparcados con el tiem- po tienen tendencia a enquistarse, a pudrirse y en definitiva a empeo- rar. Y para entonces, nuestros apren- dices de brujo sencillamente no sa- brán qué hacer, porque al igual que el aprendiz de Goethe, no dominan por completo las disciplinas nece- sarias o simplemente prefieren ha- cerlo por la vía más fácil. En resu- men, actúan con mediocridad. Pero resulta muy difícil convencerles de que hay otras vías. Es más, los apren- dices de brujo están convencidísi- mos de estar en posesión de la Ver- dad con mayúscula. Desgraciadamente, este proble- ma no es nuevo. Charles Darwin ya había sentenciado que «la igno- rancia engendra más confianza que el conocimiento». Abundando en ello, unos psicólogos norteameri- canos publicaron un estudio, en 1999, en el que medían las habili- dades intelectuales y sociales de una serie de estudiantes y les pidie- ron una autoevaluación posterior. Los resultados fueron sorprenden- tes y reveladores: los más brillan- tes estimaban que estaban por de- bajo de la media; los mediocres se consideraban por encima de la me- dia, y los menos dotados y más inú- tiles estaban convencidos de estar entre los mejores. Resulta preocu- pante: los más incompetentes no sólo tienden a llegar a conclusiones erróneas y tomar decisiones desa- fortunadas, sino que su incompe- tencia les impide darse cuenta de ello. Cabe preguntarse si pasa lo mismo, por ejemplo, con decisio- nes y desatinos de economistas aprendices de brujo que nos han lle- vado a la situación en que estamos. En el ámbito penal, ya se han dado varios toques de atención in- ternacionales y, en algunos de es- tos casos, nuestros aprendices de brujos acataron las decisiones que ponían las cosas en su sitio, pero siempre manifestando malestar y desacuerdo. La propia Declaración Universal de Derechos Humanos estipula claramente que nada en su contenido podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarro- llar actividades o realizar actos ten- dientes a la supresión de cualquie- ra de los derechos y libertades pro- clamados en dicha Declaración. Los demás tratados de derechos huma- nos incluyen preceptos similares y a pesar de ello nuestros aprendices de brujos, junto con los de otros paí- ses, insisten en interpretar que la solución para casi todo es el jarabe de palo. La pregunta es: cuando venga el brujo a poner orden en los desagui- sados , ¿qué van a hacer? ¿Le apli- carán mano dura también al brujo? El célebre cantante Fito lo resumió de forma clara en una de sus can- ciones más conocidas: «Con la Po- licía todo solucionado, para los pro- blemas: jarabe de palo. Pero el co- razón nadie me lo ha arreglado. De vergüenza el cielo se rompió en pe- dazos». ANTÓN Los aprendices de brujo ANDRÉS KRAKENBERGER, MIGUEL ANGEL NAVARRO Y EVA SILVÁN MIEMBROS DE LA ASOCIACIÓN PRO DERECHOS HUMANOS ARGITUZ Nuevos apóstoles laicos Se llaman Pedro y Pablo, y no tienennadaqueverconelNue- vo Testamento ni con las ha- giografías apostólicas. Son Pe- dro Sánchez, líder del PSOE y Pablo Iglesias, líder de Pode- mos. Si el cristianismo tiene como puntales a S. Pedro, pri- mer Papa, y a S. Pablo, su difu- sor intelectual, la nueva polí- tica española cuenta con estos dosjóvenespolíticos.Losevan- gelios canónicos revoluciona- ron el panorama de las religio- nesantiguas,laspropuestaspo- líticas y programáticas de Po- demos y las de un PSOE reno- vadopuedentrastocaryacabar con los profundos defectos en- quistados en la vieja política turnistaybipartidistadelosúl- timo 25 o treinta años de la re- cientehistoriadeEspaña.Silas expectativas suscitadas, tras una avalancha de escándalos de corrupción en los dos gran- despartidosnacionales,noim- primenunverdaderogiroelec- toral al panorama político es- pañol, las ilusiones de cambio en profundidad no habrán ser- vidodenada,ysólohabránsido un evanescente señuelo lam- pedusiano,enelsentidodeha- cer algún cambio cosmético para que todo siga igual. Nos gusta la buena literatura de ‘El Gatopardo’deLampedusa,pero preferimosunfelinomáscom- bativo, eficaz y contundente. :: AGUSTÍN ARROYO CARRO. MADRID Regeneración El gran hispanista francés Jo- seph Pérez, reciente premio Príncipe de Asturias de Cien- ciasSociales,admiteenunaen- trevista que hoy el pueblo no sereconoceenlospolíticosque mandan.Yañadequeestospo- líticos no piensan en el interés común,loqueentraña,confre- cuencia, el abandono de unos idealesporlosquedebieranes- tar dispuestos a sacrificarse. Este desinterés por el bien co- mún conduce a los casos de co- rrupción para los cuales la pro- pia Justicia ni siquiera está pre- parada, como aseguraba el pre- sidente delTribunal Supremo. El alto magistrado se pregun- tabasinoesposibleunconsen- sopolíticoparareformarlaLey de Enjuiciamiento Criminal porque «si la Justicia no fun- ciona no es posible la regene- ración democrática» que con tanta frecuencia reclaman to- dos los partidos. :: XUS D. MADRID. PALAMÓS. GIRONA Autocomplacencia En una sociedad democrática no debe de extrañar que cuan- do hay un porcentaje conside- rable de la población viviendo en situación de gran dificultad y se llevan a cabo recortes pre- supuestarios en sectores ele- mentales para el bienestar so- cial surjan reproches y debates públicos en torno a la conve- niencia de destinar recursos de los contribuyentes a pagar cos- tosos retratos de transitorias figuras políticas. Sin embargo, teniendoencuentaelcadavez más extendido y desbordado afán por hacerse autofotos o ‘selfies’, uno llega a preguntar- se cuántas personas posarían encantadasanteunfamosopin- tor en el caso de ostentar car- gos políticos de relevancia, lle- gando a olvidar u obviar críti- cas y pasando a relamerse en la vanidad y autocomplacencia. Y, bien sea debido a una cues- tióndenarcisismo,dedeseode protagonismo o de simple se- guimiento de una moda, pare- ce que los millones de fotogra- fías subidas a diario en las re- des sociales quedarán cubier- tas por el manto del tiempo. Porque, guste más o menos, la mayor parte de los humanos pasamosalolvidotrasdosotres generacionesdespuésdehaber hecho el último ‘selfie’. :: ALEJANDRO PRIETO ORVIZ. GIJÓN. ASTURIAS Desde tiempos remotos, el hombre ha desconfiado de la liber- tad individual por miedo al caos. Ha confiado, por contra, en el control externo para evitarlo, en el poder. Los dirigentes, no solo políticos, sino también religiosos, han sido los encarga- dos de intentar poner orden en la sociedad mediante este con- trol, y la violencia si fuera menester. Incluso en las sociedades cristianas el lenguaje liberador de Jesús fue malinterpretado y utilizado para el control, oscureciendo de esa manera su mis- ma esencia, que él solía expresar como nuestra conexión in- terna con el ‘Reino’. «No busquéis fuera lo que está en vues- tros corazones», solía decir.A esa conciencia hemos de desper- tar. Esta energía está a nuestra disposición cuando conecta- mos con nuestro ‘yo superior’, con esa versión nuestra que sa- bemos más ‘elevada’. La conciencia, por tanto, no hay que men- digarla fuera. :: GERARDO HERNÁNDEZ ZORROZA. GETXO. BIZKAIA Control externo CARTAS AL DIRECTOR cartas@elcorreo.com OPINIÓN32 Viernes 09.01.15 EL CORREO

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