ARTICULO DE OPINION
LAS HERIDAS NO VISIBLES DEL CONFLICTO
El conflicto es algo insoslayable en la vida cotidiana de las personas y matiza todos los
aspectos de la vida social, altamente compleja y competitiva: El conflicto laboral derivado de
la incompetencia, la envidia o la desidia está presente en cualquier centro de trabajo; Los
efectos de los conflictos pueden resultar sumamente nocivos para la salud y el bienestar de las
personas tanto en el plano psicológico como en el de la salud y las relaciones interpersonales.
Los conflictos mantenidos y no resueltos generan ansiedad, depresión, incertidumbre, crisis
existenciales en el plano de la subjetividad; pero también generan dificultades en las
relaciones interpersonales con daño en los vínculos afectivos con personas significativas; y
también el organismo “cobra” su propia cuenta con insomnio, problemas gástricos,
cardiovasculares, etc.
Estudiando la historia, nos encontramos con conflictos en la raíz de todos los acontecimientos
de alguna relevancia en el pasado de la Humanidad. El conflicto es habitual en la relación
entre grupos sociales y en nuestras relaciones interpersonales, podríamos decir que es algo
inherente a ellas, en cuanto se pueden perseguir objetivos distintos. Definido en este sentido,
“un conflicto es la interacción de personas con objetivos incompatibles” (Jhon Paul
Lederach). Y en su tratamiento, resolución y/o transformación hay que distinguir lo que es el
enfrentamiento y la confrontación. Se trata de aprovechar la paradoja de que los implicados
han de cooperar para entenderlo.
La violencia, sin embargo supone ruptura, negación del conflicto, por considerarlo
inaceptable. Supone, en suma, optar por “resolverlo” de forma destructiva.
Nosotros pensamos que el conflicto es positivo y necesario para el crecimiento humano.
Partiendo de la diversidad -característica de las personas- el conflicto es el proceso lógico que
se da en cuanto intentamos hacer una tarea en común, y en la resolución del conflicto está el
camino para conseguir la paz: negamos así la idea de “paz pasiva” como ausencia de
conflictos.
Y es que aunque en la vida es imposible optar por no tener conflictos, sí podemos aprender
habilidades sociales para maniobrar con ellos y, de esta manera, llevar a la mínima expresión
sus aspectos desagradables, y sobre todo maximizar sus aristas positivas. No hay, por
supuesto, recetas para resolver los conflictos y, como declarábamos con anterioridad, los
primeros presupuestos estriban en el reconocimiento del conflicto y la voluntad de solución,
pero si hay toda una serie de habilidades que se pueden aprender para su manejo.
Una habilidad esencial es conocer que el conflicto es parte de nuestras vidas y que no viene
con etiquetas de “bueno” o “malo”, sino que lo que puede ser bueno en un contexto, para
determinado tipo de problema y con determinado tipo de personas, puede ser muy malo en
otros contextos, problemas y personas.
Por eso es tan importante la identificación y comprensión del conflicto, para saber de qué
forma proceder: Hay diferentes formas o estilos de afrontar el conflicto y aunque por su
propia idiosincrasia las personas pueden tener la tendencia a resolver de determinada forma la
situación, lo cierto es que debe ser capaz, insistimos, de aplicar otros estilos de acuerdo a
contexto, tipo de personas y tipo de problemas.
En el manejo de las diferencias que generan los conflictos, es de vital importancia el tono de
voz con el cual nos dirigimos a los demás, ya que un descontrol en tus emociones puede
agravar el problema aún más. La actitud que más ayuda a enfrentar los conflictos es
prepararse ante su eminente aparición.
Es bueno que existan diferencias en las organizaciones, porque a través de ellas podemos
lograr:
-El análisis de los problemas
-Toma de decisiones
-Diagnóstico de las decisiones
-Elección de objetivos
-Determinar el estilo de trabajo
-Descubrir el carácter de las personas
¿Cuál es mi aprendizaje obtenido en la elaboración del artículo?
Los conflictos son desencuentros que ocurren entre dos o más personas cuando la acción de
una de ellas impide que la otra u otras personas alcancen lo que necesitan o dicha acción
choca con sus valores u objetivos; forman parte de la vida por lo que van a existir
ineludiblemente en todos los ámbitos en las relaciones con otras personas: personal, de pareja,
familiar, y por supuesto laboral. Por tanto, una de las primeras cuestiones es aceptar que la
posibilidad de tener conflictos es normal, y que debemos afrontarlos con una actitud de
control y naturalidad. Si mantenemos ante un posible conflicto una actitud de amenaza,
alarma o sorpresa, cuando se produzca nos sentiremos desbordados siempre y nos resultará
más difícil afrontarlos. Son sin duda una fuente de estrés que a su vez favorece los conflictos.
Este círculo vicioso se produce cuando una persona al estar estresada se vuelve más rígida y
se centra en su punto de vista sin atender a otros, está más susceptible, por lo que su
comunicación suele ser más agresiva y la posibilidad de cooperación y negociación
disminuye. Se está más a la defensiva, la frustración favorece un trato incorrecto hacia los
compañeros y compañeras y desde luego disminuye la capacidad de agradecimiento y
refuerzo hacia ellos y ellas, muy importante en los trabajos en equipo.
BIBLIOGRAFIAS
http://www.saludvida.sld.cu/articulo/2014/03/19/conflicto-y-vida-cotidiana
http://especiales.semana.com/especiales/conflicto-salud-mental/

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    ARTICULO DE OPINION LASHERIDAS NO VISIBLES DEL CONFLICTO El conflicto es algo insoslayable en la vida cotidiana de las personas y matiza todos los aspectos de la vida social, altamente compleja y competitiva: El conflicto laboral derivado de la incompetencia, la envidia o la desidia está presente en cualquier centro de trabajo; Los efectos de los conflictos pueden resultar sumamente nocivos para la salud y el bienestar de las personas tanto en el plano psicológico como en el de la salud y las relaciones interpersonales. Los conflictos mantenidos y no resueltos generan ansiedad, depresión, incertidumbre, crisis existenciales en el plano de la subjetividad; pero también generan dificultades en las relaciones interpersonales con daño en los vínculos afectivos con personas significativas; y también el organismo “cobra” su propia cuenta con insomnio, problemas gástricos, cardiovasculares, etc. Estudiando la historia, nos encontramos con conflictos en la raíz de todos los acontecimientos de alguna relevancia en el pasado de la Humanidad. El conflicto es habitual en la relación entre grupos sociales y en nuestras relaciones interpersonales, podríamos decir que es algo inherente a ellas, en cuanto se pueden perseguir objetivos distintos. Definido en este sentido, “un conflicto es la interacción de personas con objetivos incompatibles” (Jhon Paul Lederach). Y en su tratamiento, resolución y/o transformación hay que distinguir lo que es el enfrentamiento y la confrontación. Se trata de aprovechar la paradoja de que los implicados han de cooperar para entenderlo. La violencia, sin embargo supone ruptura, negación del conflicto, por considerarlo inaceptable. Supone, en suma, optar por “resolverlo” de forma destructiva. Nosotros pensamos que el conflicto es positivo y necesario para el crecimiento humano. Partiendo de la diversidad -característica de las personas- el conflicto es el proceso lógico que se da en cuanto intentamos hacer una tarea en común, y en la resolución del conflicto está el camino para conseguir la paz: negamos así la idea de “paz pasiva” como ausencia de conflictos. Y es que aunque en la vida es imposible optar por no tener conflictos, sí podemos aprender habilidades sociales para maniobrar con ellos y, de esta manera, llevar a la mínima expresión sus aspectos desagradables, y sobre todo maximizar sus aristas positivas. No hay, por supuesto, recetas para resolver los conflictos y, como declarábamos con anterioridad, los primeros presupuestos estriban en el reconocimiento del conflicto y la voluntad de solución, pero si hay toda una serie de habilidades que se pueden aprender para su manejo. Una habilidad esencial es conocer que el conflicto es parte de nuestras vidas y que no viene con etiquetas de “bueno” o “malo”, sino que lo que puede ser bueno en un contexto, para
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    determinado tipo deproblema y con determinado tipo de personas, puede ser muy malo en otros contextos, problemas y personas. Por eso es tan importante la identificación y comprensión del conflicto, para saber de qué forma proceder: Hay diferentes formas o estilos de afrontar el conflicto y aunque por su propia idiosincrasia las personas pueden tener la tendencia a resolver de determinada forma la situación, lo cierto es que debe ser capaz, insistimos, de aplicar otros estilos de acuerdo a contexto, tipo de personas y tipo de problemas. En el manejo de las diferencias que generan los conflictos, es de vital importancia el tono de voz con el cual nos dirigimos a los demás, ya que un descontrol en tus emociones puede agravar el problema aún más. La actitud que más ayuda a enfrentar los conflictos es prepararse ante su eminente aparición. Es bueno que existan diferencias en las organizaciones, porque a través de ellas podemos lograr: -El análisis de los problemas -Toma de decisiones -Diagnóstico de las decisiones -Elección de objetivos -Determinar el estilo de trabajo -Descubrir el carácter de las personas ¿Cuál es mi aprendizaje obtenido en la elaboración del artículo? Los conflictos son desencuentros que ocurren entre dos o más personas cuando la acción de una de ellas impide que la otra u otras personas alcancen lo que necesitan o dicha acción choca con sus valores u objetivos; forman parte de la vida por lo que van a existir ineludiblemente en todos los ámbitos en las relaciones con otras personas: personal, de pareja, familiar, y por supuesto laboral. Por tanto, una de las primeras cuestiones es aceptar que la posibilidad de tener conflictos es normal, y que debemos afrontarlos con una actitud de control y naturalidad. Si mantenemos ante un posible conflicto una actitud de amenaza, alarma o sorpresa, cuando se produzca nos sentiremos desbordados siempre y nos resultará más difícil afrontarlos. Son sin duda una fuente de estrés que a su vez favorece los conflictos. Este círculo vicioso se produce cuando una persona al estar estresada se vuelve más rígida y se centra en su punto de vista sin atender a otros, está más susceptible, por lo que su comunicación suele ser más agresiva y la posibilidad de cooperación y negociación disminuye. Se está más a la defensiva, la frustración favorece un trato incorrecto hacia los compañeros y compañeras y desde luego disminuye la capacidad de agradecimiento y refuerzo hacia ellos y ellas, muy importante en los trabajos en equipo.
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