El documento analiza la desaparición de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa, argumentando que la masacre es un reflejo de la disolución del estado mexicano, donde el gobierno ha utilizado la fuerza en lugar de garantizar justicia. Resalta la complicidad entre fuerzas armadas, políticos y el narcotráfico, evidenciando un sistema en crisis, marcado por la corrupción y la falta de respuesta estatal ante la violencia. La incertidumbre política y social genera un ambiente propicio para protestas, poniendo en jaque la legitimidad del gobierno de Peña Nieto.