La transición a la democracia en España (1975-1982) se caracterizó principalmente por la elaboración de una Constitución en 1978 de forma consensuada entre los principales partidos, que estableció las bases para el Estado descentralizado de las autonomías. Esta Constitución, junto con la figura del Rey Juan Carlos I, fueron fundamentales para implantar de forma pacífica un Estado democrático tras la dictadura franquista, superando dificultades como el terrorismo y la crisis económica.