Ascética y Mística

Consta de tres fases:

I.

Periodo Purgativo: el hombre se libera de todos sus lazos terrenales y de las
pasiones, mediante la penitencia, la lectura y la meditación. Es el propio de la
ascética. Necesidad de amor con Dios y de eliminar los obstáculos que lo
impidan. No se desdeña la mortificación como ejercicio preparatorio.

II.

Periodo Iluminativo: el alma se aproxima a Dios. Quedan atrás las pasiones
materiales y se desarrollan las virtudes. Con el alma está purificada, se siente la
presencia de Dios. Se presentan una serie de síntomas que preparan para la
unión: recogimiento y quietud, sueño de profecías, incapacidad de discurrir,
rechazo de lo material y gusto por la soledad.

III.

Periodo unitivo: se consuma la unión con Dios y se alcanza la perfección. Unión
del alma con Dios, sentimiento cierto de la grandeza de Él en el alma y
comunicación de ésta con Aquél; las potencias del alma, memoria,
entendimiento y voluntad, se ciegan en su presencia: es una experiencia
inefable. El místico retorna al mundo lleno de paz y fortalecido para un fin
proselitista: realizar obras en servicio de Dios.

Ascetica y mistica

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    Ascética y Mística Constade tres fases: I. Periodo Purgativo: el hombre se libera de todos sus lazos terrenales y de las pasiones, mediante la penitencia, la lectura y la meditación. Es el propio de la ascética. Necesidad de amor con Dios y de eliminar los obstáculos que lo impidan. No se desdeña la mortificación como ejercicio preparatorio. II. Periodo Iluminativo: el alma se aproxima a Dios. Quedan atrás las pasiones materiales y se desarrollan las virtudes. Con el alma está purificada, se siente la presencia de Dios. Se presentan una serie de síntomas que preparan para la unión: recogimiento y quietud, sueño de profecías, incapacidad de discurrir, rechazo de lo material y gusto por la soledad. III. Periodo unitivo: se consuma la unión con Dios y se alcanza la perfección. Unión del alma con Dios, sentimiento cierto de la grandeza de Él en el alma y comunicación de ésta con Aquél; las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad, se ciegan en su presencia: es una experiencia inefable. El místico retorna al mundo lleno de paz y fortalecido para un fin proselitista: realizar obras en servicio de Dios.