El documento resume la evolución histórica de la balística forense desde sus inicios en el siglo XV hasta principios del siglo XX. Destaca algunos hitos como el primer caso en 1835 en el que se identificó al autor de un crimen con un arma de fuego mediante el análisis de las marcas en la munición. También señala avances posteriores como el desarrollo de nuevas técnicas para estudiar las marcas dejadas por las estrías del cañón.