El documento aborda la necesidad de un nuevo modelo de política industrial en América Latina, enfatizando la intervención del estado en el fomento productivo, especialmente en el contexto de la crisis financiera global. Se destacan las lecciones aprendidas de experiencias exitosas en el desarrollo productivo, como la importancia de la colaboración público-privada, la provisión de bienes públicos específicos, y la diversificación de la producción para mejorar la competitividad. Además, se menciona la agenda del gobierno ecuatoriano para transformar la economía hacia un modelo basado en el conocimiento y la innovación, buscando reducir la dependencia del sector petrolero.