San Agustín logra una síntesis armoniosa entre el platonismo y el cristianismo. Su filosofía es autobiográfica y busca la verdad y salvación a través de la introspección, yendo de lo exterior a lo interior del alma hasta encontrar la iluminación divina. Considera que solo Dios es la verdad eterna e inmutable, y que la razón y la fe no son contradictorias sino que se complementan en el acceso al conocimiento.