La neurociencia aplicada a la educación distingue entre aprendizajes de corta y larga duración, indicando que el estado emocional del alumno y la organización de la información son claves para un aprendizaje efectivo. Investigaciones en neurociencia, como las que utilizan la RMN y la TEP, han desvelado que las emociones juegan un papel crucial en la memoria y la toma de decisiones, mientras que el aprendizaje puede ser optimizado a través de estrategias relacionales y la repetición. Además, el desarrollo cognitivo durante la niñez y la adolescencia está influenciado por la forma en que se entrena el cerebro y se promueve la interacción social.