La agresividad infantil puede derivar en problemas posteriores si no se trata correctamente. Se considera que es un comportamiento aprendido a través de modelos agresivos y refuerzos positivos de dicha conducta. Para tratarla, es importante eliminar los refuerzos de la agresividad, reforzar conductas alternativas y enseñar habilidades sociales mediante técnicas como el tiempo fuera o el castigo contingente a la conducta agresiva.