CRÓNICA DE LA TECNOLOGÍA ANUNCIADA
Han transcurrido varias semanas desde que inicié el recorrido. Meses atrás
rondaba en la escuela el tema de una capacitación que, para muchos compañeros,
resultaba esquivo, incluso para mí que hacía poco había culminado una Maestría.
No quería saber sobre tareas, proyectos, foros, etc. Quería disfrutar el sentirme
liberada de tantas actividades.
Hablé del tema, casi a diario, con mis compañeros de la escuela, y en cada charla
se iba despertando el interés de algunos porque, además, se planteaba como una
gran transformación que ya estaba anunciada y que se convertiría en un recurso
indispensable para estar a la par con las exigencias y necesidades educativas del
nuevo siglo.
Dudé en tomar la decisión pero, gracias a la motivación de las compañeras decidí
dar el paso para entrar al mundo “tit@s”.
El primer día, antes de ingresar al aula, me di cuenta que no estaba en la lista junto
con mis otras compañeras. Me acerqué al profesor, quien se encontraba en la
puerta del salón, y le pedí que me incluyera en esa lista, lo dudó un poco, pero
finalmente aceptó, lo que me dio un poco de tranquilidad porque estaba segura que
íbamos a trabajar juntas todas las compañeras de la sede.
Luego, me llevé la sorpresa: nos distribuyeron en grupos integrados por docentes
de diferentes instituciones. Inicialmente no estaba conforme, pero con el pasar de
los días me fui dando cuenta que era una experiencia enriquecedora conocer y
compartir con otras docentes sus pensamientos y sus prácticas pedagógicas.
Inicié el recorrido, al igual que muchos colegas, con muchas expectativas que poco
a poco, y desde las cosas más sencillas para unos pero algo complejas para otros,
fuimos avanzando en nuestro conocimiento y superando los obstáculos que a diario
se presentaban.
Pero no caminaba sola. En la puerta de entrada estaba el guía, esa persona que
desde el inicio, al abrir la puerta, me recibió con una sonrisa, y en el transcurrir de
todas las sesiones compartió su conocimiento, pero sobre todo, su calidad humana
que se vio reflejada en el buen trato, en la paciencia, en la interacción con cada uno
de los participantes y en la capacidad para resolver conflictos.
En ese caminar conocí nuevas personas que fueron haciendo más enriquecedor el
trayecto al compartir sus experiencias y al entregar un poco de sí mismas para llevar
a feliz término la tarea encomendada. Hubo tropiezos pero, finalmente, se
superaron porque la tolerancia nos enseña a respetar las diferencias y a entender
que cada persona es un mundo diferente.
Estoy en la etapa final del proceso de formación. Son muchas las cosas aprendidas
y las experiencias vividas en cada una de las sesiones porque cada día tenía su
particularidad: Un mensaje nuevo, una nueva actividad y hasta un nuevo comentario
jocoso que impregnaba el aula de risas y alegrías, lo que generaba un ambiente
agradable de trabajo.
La última sesión fue muy especial. Se realizó un compartir navideño. Cada grupo
llevó el plato que se acordó en la sesión anterior. Disfruté de una deliciosa natilla
con buñuelo, brevas con manjar blanco, ensalada, en fin, muchas cosas ricas. Pero
lo más importante de ese momento era el lazo de amistad que nos unía y que cada
día se fue fortaleciendo a través de un saludo, de un trabajo en equipo, de un
intercambio de experiencias que fueron enriqueciendo nuestro ser y nuestro
quehacer.
Avancé considerablemente, pero el camino hacia la meta propuesta está por
recorrerse, y está en mis manos. Me queda la tarea de arriesgarme y lanzarme, sin
temor alguno, a compartir los conocimientos adquiridos con mis alumnos. Son ellos
mi razón de ser y los que llegan cada día con el anhelo de encontrarse no sólo con
mi caluroso saludo y el de sus amigos, sino con un ambiente de aprendizaje que
sea atractivo para él y que despierte su interés por “querer aprender”.
Expreso mi agradecimiento a Dios por todas sus bendiciones y a todos aquellos que
de una u otra forma me ayudaron en los momentos de confusión: a mi profesor, a
las compañeras del ambiente de aprendizaje y a mis compañeras de sede, quienes,
aunque dispersas en otros grupos, siempre estuvieron conmigo.
DORA LIBIA ACOSTA GARCÍA

Crónica

  • 1.
    CRÓNICA DE LATECNOLOGÍA ANUNCIADA Han transcurrido varias semanas desde que inicié el recorrido. Meses atrás rondaba en la escuela el tema de una capacitación que, para muchos compañeros, resultaba esquivo, incluso para mí que hacía poco había culminado una Maestría. No quería saber sobre tareas, proyectos, foros, etc. Quería disfrutar el sentirme liberada de tantas actividades. Hablé del tema, casi a diario, con mis compañeros de la escuela, y en cada charla se iba despertando el interés de algunos porque, además, se planteaba como una gran transformación que ya estaba anunciada y que se convertiría en un recurso indispensable para estar a la par con las exigencias y necesidades educativas del nuevo siglo. Dudé en tomar la decisión pero, gracias a la motivación de las compañeras decidí dar el paso para entrar al mundo “tit@s”. El primer día, antes de ingresar al aula, me di cuenta que no estaba en la lista junto con mis otras compañeras. Me acerqué al profesor, quien se encontraba en la puerta del salón, y le pedí que me incluyera en esa lista, lo dudó un poco, pero finalmente aceptó, lo que me dio un poco de tranquilidad porque estaba segura que íbamos a trabajar juntas todas las compañeras de la sede. Luego, me llevé la sorpresa: nos distribuyeron en grupos integrados por docentes de diferentes instituciones. Inicialmente no estaba conforme, pero con el pasar de los días me fui dando cuenta que era una experiencia enriquecedora conocer y compartir con otras docentes sus pensamientos y sus prácticas pedagógicas. Inicié el recorrido, al igual que muchos colegas, con muchas expectativas que poco a poco, y desde las cosas más sencillas para unos pero algo complejas para otros, fuimos avanzando en nuestro conocimiento y superando los obstáculos que a diario se presentaban. Pero no caminaba sola. En la puerta de entrada estaba el guía, esa persona que desde el inicio, al abrir la puerta, me recibió con una sonrisa, y en el transcurrir de todas las sesiones compartió su conocimiento, pero sobre todo, su calidad humana que se vio reflejada en el buen trato, en la paciencia, en la interacción con cada uno de los participantes y en la capacidad para resolver conflictos.
  • 2.
    En ese caminarconocí nuevas personas que fueron haciendo más enriquecedor el trayecto al compartir sus experiencias y al entregar un poco de sí mismas para llevar a feliz término la tarea encomendada. Hubo tropiezos pero, finalmente, se superaron porque la tolerancia nos enseña a respetar las diferencias y a entender que cada persona es un mundo diferente. Estoy en la etapa final del proceso de formación. Son muchas las cosas aprendidas y las experiencias vividas en cada una de las sesiones porque cada día tenía su particularidad: Un mensaje nuevo, una nueva actividad y hasta un nuevo comentario jocoso que impregnaba el aula de risas y alegrías, lo que generaba un ambiente agradable de trabajo. La última sesión fue muy especial. Se realizó un compartir navideño. Cada grupo llevó el plato que se acordó en la sesión anterior. Disfruté de una deliciosa natilla con buñuelo, brevas con manjar blanco, ensalada, en fin, muchas cosas ricas. Pero lo más importante de ese momento era el lazo de amistad que nos unía y que cada día se fue fortaleciendo a través de un saludo, de un trabajo en equipo, de un intercambio de experiencias que fueron enriqueciendo nuestro ser y nuestro quehacer. Avancé considerablemente, pero el camino hacia la meta propuesta está por recorrerse, y está en mis manos. Me queda la tarea de arriesgarme y lanzarme, sin temor alguno, a compartir los conocimientos adquiridos con mis alumnos. Son ellos mi razón de ser y los que llegan cada día con el anhelo de encontrarse no sólo con mi caluroso saludo y el de sus amigos, sino con un ambiente de aprendizaje que sea atractivo para él y que despierte su interés por “querer aprender”. Expreso mi agradecimiento a Dios por todas sus bendiciones y a todos aquellos que de una u otra forma me ayudaron en los momentos de confusión: a mi profesor, a las compañeras del ambiente de aprendizaje y a mis compañeras de sede, quienes, aunque dispersas en otros grupos, siempre estuvieron conmigo. DORA LIBIA ACOSTA GARCÍA