El documento aborda la necesidad de decolonizar la universidad, argumentando que las ciencias sociales y humanidades perpetúan la herencia colonial y la hegemonía cultural de Occidente. Propone la idea de una 'universidad rizomática' que fomente la transdisciplinariedad y permita un diálogo de saberes entre diferentes tradiciones culturales y epistemológicas. Asimismo, sugiere que la decolonización del conocimiento y las estructuras académicas es esencial para legitimar saberes ancestrales y diversificar la producción del conocimiento en un contexto global.