Siendo última canción; será primera siempre.
(Campo Elías Galindo Álvarez)
Erigida, yo, como “la desobediente”. Insumisa, inmensa. Con los pasos envueltos en la pulsión de vida.
Dándole abrigo a quien quisiera. Con mis ojazos puestos en la locomoción de tiempo vigente. En
arrogancia continua. Como queriendo desvencijar los palacios opulentos. Esas expresiones de
“elocuentes silencios ante la barbarie” . Como enredadera de catarsis no libérrimas. Màs bien como
pústulas agrias. Dolorosas. Por lo mismo de su ambigüedad orquestada desde los poderes diferenciados.
Pero todos, con el cautiverio de las ideas y los hechos. Tratando de esparcir las sinonimias, previamente
concertadas. Allá mismo. En encumbrados escenarios. Escindiendo los cuerpos. ¡Nuestros cuerpos!
Como huella doliente, siempre. En la entonación en una sola nota, musical enrevesada. Yendo por ahí.
Casi desde que te conozco Brasil.
(de “Mataron nuestros cuerpos”,escrito mío en homenajea Marielle Franco.Rio de Janeiro 27 de julio
1979, Sao Paulo 14 de marzo de 2018)
Es como todo lo circunstancial. Cuando regresas ya se ha ido. Y lo persigues. Le das alcance. Y
lo interrogas. Al final te das cuenta que fue solo eso. Por eso es que te definimos, a ti, de
manera diferente. Como lo trascendente. Como lo que siempre, estando ahí, es lo mismo. Pero,
al mismo tiempo, es algo diferente. Más humano cada día. Una renovación continua. Pero no
como simple contravía a la repetición. Más bien porque cuenta con lo que somos, como
referente. Y, entonces, se redefine y se expresa, En el día a día. Pero, también, en lo tendencial
que se infiere. Como perspectiva a futuro. Pero de futuro cierto. Pero, no por cierto, predecible.
Más bien como insumo mágico. Pero sin ser magia en sí. No embolatando la vida. Ni
partiéndola, en el cajón de doble tejido y doble fondo. Por el contrario, rehaciéndola, cuando
sentimos que declina. O, cuando la vemos desvertebrada.
Siendo, como eres entonces, no ha lugar a regresar a cada rato. Porque, si así lo hiciéramos,
sería vivir con la memoria encajonada. En el pasado. Memoria de lo que no entendimos.
Memoria de lo que es prerrequisito. Siendo, por lo mismo, memoria no ávida de recordarse a sí
misma. Por temor, tal vez, a encontrar la fisura que no advertimos. Y, hallándola, reivindicarla
como promesa a no reconocerla. Como eso que, en veces, llamamos estoicismo burdo.
Y, ahí en esa piel de laberinto formal, anclaríamos. Sin cambiarla. Sin deshacernos de lo que ya
vivimos sin verlo. Por lo mismo que somos una cosa hoy. Y otra, diferente, mañana. Pero en el
mismo cuento de ser tejido que no repite trenza. Que no repite aguja. Que se extiende a
infinita textura. Perdurando lo necesario. Muriendo cuando es propio. Renaciendo ahí, en el
mismo, pero distinto entorno.
Quien lo creyera, pues. Quién lo diría, sin oírse. Quien eres tú;. Sino esa secuencia efímera y
perenne. De eximio vuelo y de alzada con las alas, todas, desplegadas. Como cóndor milenario.
Sucesivos eventos diversos. Sin repetir, siquiera, sueños; en lo que estos tienen de
magnetismo biológico. Que ha atrapado y atrapa lo que se creía perdido. Volviéndolo escenario
de la duermevela enquistada.
Y, seguimos diciéndolo así ahora, todo lo pasado ha pasado. Todo lo que viene vendrá. Y todo
lo tuyo estará ahí. En lo pasado ya pasado. En lo que viene y vendrá. En lo que se volverá
afán; mas no necesidad formal. Más bien, inminente presagio que será así sin serlo como
simple simpleza en sí misma. Ni como mera luz refleja. Siendo necesaria, más no obvia entrega.
Y siendo, como en verdad es, sin sentido de rutina. Ni nobiliario momento. Ni, mucho menos,
infeliz recuerdo de lo mal pasado, como cosa mal habida; sino como encina de latente calor
como blindaje. Para qué hoy y siempre, lo que es espíritu vivo, es decir, lo tuyo; permanezca.
Siendo hoy, no mañana. Siendo mañana, por haber sido hoy...y, así, hasta que el yo sucumba.
Pero, por lo tanto, hasta que tú perdures. Siendo siempre hoy. Siendo, siempre mañana. Todo
vivido. Todo por vivir. Todo por morir y volver a nacer. Pero, de seguro sí, en ti como
luciérnaga adherida a la vida. Iluminándola en lo que esto es posible. Es decir, en lo que tiene
que ser. Sin ser, por esto mismo, volver atrás por el mismo camino. Como si ya no lo hubieras
andado. Como si ya no lo hubieras conocido. Con sus coordenadas precisas. Como vivencias
que fueron. Y hoy no son. Y que, habiendo sido hoy, no lo será mañana.
Y es ahí en donde quedamos. Como en remolino envolvente. Porque no sabemos. Si decirte
que, al morir por verte, estamos en el énfasis no permitido., Si siempre hemos querido no
verte atado subsumido; repetido. Como quien le llora a la noche por lo negra que es. Y no
como quien ríe en la noche, por todo lo que es. Incluido su color. Incluido sus brillosos puntos
titilantes. Como mensajes que vienen del universo ignoto. Por allá perdido. O, por lo menos, no
percibido aquí; ni por ti. Ni por nosotros y nosotras.
Y sí que, entonces, siendo lo que somos; advertimos en ti lo que serás como guía de quienes
vendrán, no sabemos qué día. Pero si sabemos que lo harán, buscándote como faro. Aquí y
allá. En el universo lejano. O en el entorno que amamos.

Desde su silencio

  • 1.
    Siendo última canción;será primera siempre. (Campo Elías Galindo Álvarez) Erigida, yo, como “la desobediente”. Insumisa, inmensa. Con los pasos envueltos en la pulsión de vida. Dándole abrigo a quien quisiera. Con mis ojazos puestos en la locomoción de tiempo vigente. En arrogancia continua. Como queriendo desvencijar los palacios opulentos. Esas expresiones de “elocuentes silencios ante la barbarie” . Como enredadera de catarsis no libérrimas. Màs bien como pústulas agrias. Dolorosas. Por lo mismo de su ambigüedad orquestada desde los poderes diferenciados. Pero todos, con el cautiverio de las ideas y los hechos. Tratando de esparcir las sinonimias, previamente concertadas. Allá mismo. En encumbrados escenarios. Escindiendo los cuerpos. ¡Nuestros cuerpos! Como huella doliente, siempre. En la entonación en una sola nota, musical enrevesada. Yendo por ahí. Casi desde que te conozco Brasil. (de “Mataron nuestros cuerpos”,escrito mío en homenajea Marielle Franco.Rio de Janeiro 27 de julio 1979, Sao Paulo 14 de marzo de 2018) Es como todo lo circunstancial. Cuando regresas ya se ha ido. Y lo persigues. Le das alcance. Y lo interrogas. Al final te das cuenta que fue solo eso. Por eso es que te definimos, a ti, de manera diferente. Como lo trascendente. Como lo que siempre, estando ahí, es lo mismo. Pero, al mismo tiempo, es algo diferente. Más humano cada día. Una renovación continua. Pero no como simple contravía a la repetición. Más bien porque cuenta con lo que somos, como referente. Y, entonces, se redefine y se expresa, En el día a día. Pero, también, en lo tendencial que se infiere. Como perspectiva a futuro. Pero de futuro cierto. Pero, no por cierto, predecible. Más bien como insumo mágico. Pero sin ser magia en sí. No embolatando la vida. Ni partiéndola, en el cajón de doble tejido y doble fondo. Por el contrario, rehaciéndola, cuando sentimos que declina. O, cuando la vemos desvertebrada. Siendo, como eres entonces, no ha lugar a regresar a cada rato. Porque, si así lo hiciéramos, sería vivir con la memoria encajonada. En el pasado. Memoria de lo que no entendimos. Memoria de lo que es prerrequisito. Siendo, por lo mismo, memoria no ávida de recordarse a sí misma. Por temor, tal vez, a encontrar la fisura que no advertimos. Y, hallándola, reivindicarla como promesa a no reconocerla. Como eso que, en veces, llamamos estoicismo burdo. Y, ahí en esa piel de laberinto formal, anclaríamos. Sin cambiarla. Sin deshacernos de lo que ya vivimos sin verlo. Por lo mismo que somos una cosa hoy. Y otra, diferente, mañana. Pero en el mismo cuento de ser tejido que no repite trenza. Que no repite aguja. Que se extiende a infinita textura. Perdurando lo necesario. Muriendo cuando es propio. Renaciendo ahí, en el mismo, pero distinto entorno. Quien lo creyera, pues. Quién lo diría, sin oírse. Quien eres tú;. Sino esa secuencia efímera y perenne. De eximio vuelo y de alzada con las alas, todas, desplegadas. Como cóndor milenario. Sucesivos eventos diversos. Sin repetir, siquiera, sueños; en lo que estos tienen de magnetismo biológico. Que ha atrapado y atrapa lo que se creía perdido. Volviéndolo escenario de la duermevela enquistada. Y, seguimos diciéndolo así ahora, todo lo pasado ha pasado. Todo lo que viene vendrá. Y todo lo tuyo estará ahí. En lo pasado ya pasado. En lo que viene y vendrá. En lo que se volverá afán; mas no necesidad formal. Más bien, inminente presagio que será así sin serlo como simple simpleza en sí misma. Ni como mera luz refleja. Siendo necesaria, más no obvia entrega. Y siendo, como en verdad es, sin sentido de rutina. Ni nobiliario momento. Ni, mucho menos, infeliz recuerdo de lo mal pasado, como cosa mal habida; sino como encina de latente calor como blindaje. Para qué hoy y siempre, lo que es espíritu vivo, es decir, lo tuyo; permanezca. Siendo hoy, no mañana. Siendo mañana, por haber sido hoy...y, así, hasta que el yo sucumba.
  • 2.
    Pero, por lotanto, hasta que tú perdures. Siendo siempre hoy. Siendo, siempre mañana. Todo vivido. Todo por vivir. Todo por morir y volver a nacer. Pero, de seguro sí, en ti como luciérnaga adherida a la vida. Iluminándola en lo que esto es posible. Es decir, en lo que tiene que ser. Sin ser, por esto mismo, volver atrás por el mismo camino. Como si ya no lo hubieras andado. Como si ya no lo hubieras conocido. Con sus coordenadas precisas. Como vivencias que fueron. Y hoy no son. Y que, habiendo sido hoy, no lo será mañana. Y es ahí en donde quedamos. Como en remolino envolvente. Porque no sabemos. Si decirte que, al morir por verte, estamos en el énfasis no permitido., Si siempre hemos querido no verte atado subsumido; repetido. Como quien le llora a la noche por lo negra que es. Y no como quien ríe en la noche, por todo lo que es. Incluido su color. Incluido sus brillosos puntos titilantes. Como mensajes que vienen del universo ignoto. Por allá perdido. O, por lo menos, no percibido aquí; ni por ti. Ni por nosotros y nosotras. Y sí que, entonces, siendo lo que somos; advertimos en ti lo que serás como guía de quienes vendrán, no sabemos qué día. Pero si sabemos que lo harán, buscándote como faro. Aquí y allá. En el universo lejano. O en el entorno que amamos.