Este ecosistema único alberga una población de cocodrilos aislada hace más de 9,000 años que se ha mantenido debido a la abundancia de microorganismos y peces en una pequeña charca, a pesar de encontrarse a más de 200 km del río más cercano en medio del desierto. Los indígenas consideran sagrados a los cocodrilos y no les hacen daño, estableciéndose así un equilibrio frágil entre la actividad humana y este ecosistema.