Fui por primera vez a la escuela nº 25 el martes nueve de junio.
Mentiría si dijera que ese día me levanté nervioso. La noche anterior había planchado mi
delantal blanco, nuevo, inmaculado, listo para mancharse y arrugarse, y había quedado
colgado en una percha. Esa mañana desayuné normalmente y guardé mi nuevo uniforme en
una bolsa, con cuidado, para que llegara lo mejor posible al día que creí nunca iba a volver
a llegar: mi primer día de escuela.
Fui en bici hasta la facultad y tuve dos horas de Fonética. Salí casi apurado, una de mis
profesoras de Práctica II, Liliana, que iba a llevarme a mí y a otros dos compañeros a la
institución, acompañándonos para atar algunos cabos sueltos. La esperé un rato fuera del
aula en que se encontraba y un rato después estábamos los cuatro en camino, mis
compañeros y yo, estrenando guardapolvos. ¡Creo que los empezaron a hacer más largos!
(o ya me había olvidado como eran). En el camino me explicaron como llegar, para
próximas veces, y charlamos un poco, distrayéndonos.
Al arribar al colegio, tocamos timbre, esperamos a que nos abrieran la puerta, y nos recibió
una mujer que era, creo, una auxiliar docente. Nos identificamos como practicantes y
profesora, y un rato después llego Nadina, la maestra de Lenguas Extranjeras de los grados
que nos tocarían observar: 5º A y 5ºC. Las respectivas profesoras se pusieron a acordar
algunos puntos, y un rato después ya nos dirigíamos, mi compañera de observaciones
Naomi y yo, al patio.
Fue meterse en otro mundo. Fue todo colores y movimiento, gritos y risas. Nenes
corriendo, yendo y viniendo, y lo mejor fue ¡que no iban a ningún lado! Corrían sólo por
placer. El patio estaba invadido por luz de sol y aire fresco y puro. Fue ver magia en la
realidad.
Después de salir de mi ensimismamiento, volví al presente y vimos cómo los niños dejaban
de jugar y empezaban a formarse para entrar a las aulas, inquietos, todavía riendo,
jadeando, o hablando del último álbum de figuritas o de los dibujitos que les gustan ver.
Nos dirigimos todos juntos al aula, medio en orden medio con ánimo de recreo. La profe
entró primero y entonó a coro con los niños un verso que no recuerdo, pero que involucraba
colores y números en inglés. Segundos después, Nadina les contó a sus alumnos que ese día
iba a ver más de un 'profe', y a medida que fuimos pasando, contaron todos juntos: 'one'
(Nadina), 'two' (Naomi), 'three' (Yo), 'four and five' (dos chicas de las mesas prácticas de
Lengua Inglesa I). Luego nos sentamos en la parte de atrás del aula y la profe animó a los
chicos a que nos hicieran preguntas para conocernos y, al mismo tiempo, repasar algunos
de los contenidos previos. Nos preguntaron a cada uno de los practicantes 'What is your
name?' y 'How old are you?' y nosotros les hicimos las mismas preguntas a cada uno de
ellos, eso quiere decir, alrededor de 24 veces. Todos los niños se mostraron dispuestos,
algunos desinhibidos y otros vergonzosos, a contestar, salvo una niña que se negó a
hacerlo, tal vez por vergüenza o por otros motivos, pero nadie la obligó a hacerlo (aunque sí
se se la animó).
Una vez finalizada la presentación la clase retomó el que, aparentemente, era su ritmo
habitual. Los niños se sientan de a dos en bancos dobles, salvo la niña que no contestó, que
se sienta en uno individual, frente al escritorio de la profesora. El aula es un espacio
maravilloso, llenos de imágenes, posters y dibujos de los niños. Hay un reloj y carteles con
palabras de 'permiso, 'por favor, 'muchas gracias', entre otros. Tal vez en plástica, los chicos
hicieron dibujos y los colgaron en las paredes, y también hay recortes de las siluetas de sus
manos, con sus nombres escritos adentro. Al lado nuestro había un pequeño armario de
madera que es de uso de la profesora, y dónde hay útiles y papeles (no pude ver nada más
porque estaba cerrado).
La maestra empezó la ya algo demorada clase repasando otros temas ya vistos al mismo
tiempo que situaba a los niños: todos juntos dijeron qué día era, y qué mes. Esto se realizó
colgando en la punta del pizarrón unas cartulinas que la profe ya había armado y que
aparentemente usan siempre, que tienen los diferentes días de la semana y los distintos
meses. Nadina siempre se dirigió a sus alumnos en castellano, pero usando variadas
palabras en inglés, tales como aquellas ya enseñadas o las instrucciones de cada consigna,
siempre haciendo uso de gestos que denotaran el significado de cada palabra y haciendo
énfasis y variadas repeticiones en la misma. Las instrucciones eran simples, de una sola
palabra, y los niños ya parecían haberlas adquirido. El tema eran las ropas y los disfraces,
siempre repasando los colores y también los números. Me sorprendió agradablemente
recordar lo que alguna vez ya experimenté y lo que he escuchado en mis clases de Práctica:
los niños mueren por responder correctamente, ser escuchados y felicitados; su entusiasmo
los llevaba a gritar y a interponerse en lo que el otro estaba diciendo, pero la profe a veces
les pedía que no lo hicieran. Así, poco a poco fueron construyendo las respuestas a algunas
de las actividades, oralmente, y en grupo. Los niños pronunciaban la palabra
incorrectamente y luego la profesora la repetía de forma correcta, y los niños a veces lo
repetían después. Los chicos debían, además de responder dos preguntas (que primero se
hicieron oralmente y luego escritas), completar espacios vacíos con el vocabulario de
'clothes and costumes' que estaban viendo. La profe nos contó que sus alumnos tienen un
dictionario propio, en el que van agregando cada palabra nueva que se les enseña, por
medio de actividades como recortar, pegar, dibujar y pintar
Las clases son de 40 minutos, algo cortas, así que eso fue todo lo que los niños hicieron. La
parte de lo asignado en clase no fue de tarea, sino que quedó para ser continuado en la clase
siguiente. Si se les asignó pintar la imagen usada en la actividad. La maestra repitió varias
veces la tarea, qué tenían que hacer y qué no. También nos dijo a mi compañera y a mí, que
ese día los niños estaban inusualmente tranquilos, lo que denotó que los conoce ¡y lo niños
que son! (nunca pararon de hablar y moverse).
Por último sonó el timbre, todos nos organizamos, guardamos nuestras cosas y formamos.
Todos los niños de los otros grados estaban formados también, en el patio. Finalmente llegó
la directora y los saludó con un 'Hasta mañana chicos', a lo que los niños respondieron
'Has-ta ma-ña-na se-ño-ra di-rec-to-ra', claro, fuerte y marcando cada sílaba.
Después salimos todos afuera, al sol, contentos, sabiendo los niños que al otro día
volverían, y nosotros, que nos encontraríamos con esos pequeños seres especiales, en una
semana, otra vez*.

Ethnography

  • 1.
    Fui por primeravez a la escuela nº 25 el martes nueve de junio. Mentiría si dijera que ese día me levanté nervioso. La noche anterior había planchado mi delantal blanco, nuevo, inmaculado, listo para mancharse y arrugarse, y había quedado colgado en una percha. Esa mañana desayuné normalmente y guardé mi nuevo uniforme en una bolsa, con cuidado, para que llegara lo mejor posible al día que creí nunca iba a volver a llegar: mi primer día de escuela. Fui en bici hasta la facultad y tuve dos horas de Fonética. Salí casi apurado, una de mis profesoras de Práctica II, Liliana, que iba a llevarme a mí y a otros dos compañeros a la institución, acompañándonos para atar algunos cabos sueltos. La esperé un rato fuera del aula en que se encontraba y un rato después estábamos los cuatro en camino, mis compañeros y yo, estrenando guardapolvos. ¡Creo que los empezaron a hacer más largos! (o ya me había olvidado como eran). En el camino me explicaron como llegar, para próximas veces, y charlamos un poco, distrayéndonos. Al arribar al colegio, tocamos timbre, esperamos a que nos abrieran la puerta, y nos recibió una mujer que era, creo, una auxiliar docente. Nos identificamos como practicantes y profesora, y un rato después llego Nadina, la maestra de Lenguas Extranjeras de los grados que nos tocarían observar: 5º A y 5ºC. Las respectivas profesoras se pusieron a acordar algunos puntos, y un rato después ya nos dirigíamos, mi compañera de observaciones Naomi y yo, al patio. Fue meterse en otro mundo. Fue todo colores y movimiento, gritos y risas. Nenes corriendo, yendo y viniendo, y lo mejor fue ¡que no iban a ningún lado! Corrían sólo por placer. El patio estaba invadido por luz de sol y aire fresco y puro. Fue ver magia en la realidad. Después de salir de mi ensimismamiento, volví al presente y vimos cómo los niños dejaban de jugar y empezaban a formarse para entrar a las aulas, inquietos, todavía riendo, jadeando, o hablando del último álbum de figuritas o de los dibujitos que les gustan ver. Nos dirigimos todos juntos al aula, medio en orden medio con ánimo de recreo. La profe entró primero y entonó a coro con los niños un verso que no recuerdo, pero que involucraba colores y números en inglés. Segundos después, Nadina les contó a sus alumnos que ese día iba a ver más de un 'profe', y a medida que fuimos pasando, contaron todos juntos: 'one' (Nadina), 'two' (Naomi), 'three' (Yo), 'four and five' (dos chicas de las mesas prácticas de Lengua Inglesa I). Luego nos sentamos en la parte de atrás del aula y la profe animó a los chicos a que nos hicieran preguntas para conocernos y, al mismo tiempo, repasar algunos de los contenidos previos. Nos preguntaron a cada uno de los practicantes 'What is your name?' y 'How old are you?' y nosotros les hicimos las mismas preguntas a cada uno de ellos, eso quiere decir, alrededor de 24 veces. Todos los niños se mostraron dispuestos, algunos desinhibidos y otros vergonzosos, a contestar, salvo una niña que se negó a hacerlo, tal vez por vergüenza o por otros motivos, pero nadie la obligó a hacerlo (aunque sí se se la animó). Una vez finalizada la presentación la clase retomó el que, aparentemente, era su ritmo habitual. Los niños se sientan de a dos en bancos dobles, salvo la niña que no contestó, que
  • 2.
    se sienta enuno individual, frente al escritorio de la profesora. El aula es un espacio maravilloso, llenos de imágenes, posters y dibujos de los niños. Hay un reloj y carteles con palabras de 'permiso, 'por favor, 'muchas gracias', entre otros. Tal vez en plástica, los chicos hicieron dibujos y los colgaron en las paredes, y también hay recortes de las siluetas de sus manos, con sus nombres escritos adentro. Al lado nuestro había un pequeño armario de madera que es de uso de la profesora, y dónde hay útiles y papeles (no pude ver nada más porque estaba cerrado). La maestra empezó la ya algo demorada clase repasando otros temas ya vistos al mismo tiempo que situaba a los niños: todos juntos dijeron qué día era, y qué mes. Esto se realizó colgando en la punta del pizarrón unas cartulinas que la profe ya había armado y que aparentemente usan siempre, que tienen los diferentes días de la semana y los distintos meses. Nadina siempre se dirigió a sus alumnos en castellano, pero usando variadas palabras en inglés, tales como aquellas ya enseñadas o las instrucciones de cada consigna, siempre haciendo uso de gestos que denotaran el significado de cada palabra y haciendo énfasis y variadas repeticiones en la misma. Las instrucciones eran simples, de una sola palabra, y los niños ya parecían haberlas adquirido. El tema eran las ropas y los disfraces, siempre repasando los colores y también los números. Me sorprendió agradablemente recordar lo que alguna vez ya experimenté y lo que he escuchado en mis clases de Práctica: los niños mueren por responder correctamente, ser escuchados y felicitados; su entusiasmo los llevaba a gritar y a interponerse en lo que el otro estaba diciendo, pero la profe a veces les pedía que no lo hicieran. Así, poco a poco fueron construyendo las respuestas a algunas de las actividades, oralmente, y en grupo. Los niños pronunciaban la palabra incorrectamente y luego la profesora la repetía de forma correcta, y los niños a veces lo repetían después. Los chicos debían, además de responder dos preguntas (que primero se hicieron oralmente y luego escritas), completar espacios vacíos con el vocabulario de 'clothes and costumes' que estaban viendo. La profe nos contó que sus alumnos tienen un dictionario propio, en el que van agregando cada palabra nueva que se les enseña, por medio de actividades como recortar, pegar, dibujar y pintar Las clases son de 40 minutos, algo cortas, así que eso fue todo lo que los niños hicieron. La parte de lo asignado en clase no fue de tarea, sino que quedó para ser continuado en la clase siguiente. Si se les asignó pintar la imagen usada en la actividad. La maestra repitió varias veces la tarea, qué tenían que hacer y qué no. También nos dijo a mi compañera y a mí, que ese día los niños estaban inusualmente tranquilos, lo que denotó que los conoce ¡y lo niños que son! (nunca pararon de hablar y moverse). Por último sonó el timbre, todos nos organizamos, guardamos nuestras cosas y formamos. Todos los niños de los otros grados estaban formados también, en el patio. Finalmente llegó la directora y los saludó con un 'Hasta mañana chicos', a lo que los niños respondieron 'Has-ta ma-ña-na se-ño-ra di-rec-to-ra', claro, fuerte y marcando cada sílaba. Después salimos todos afuera, al sol, contentos, sabiendo los niños que al otro día volverían, y nosotros, que nos encontraríamos con esos pequeños seres especiales, en una semana, otra vez*.