El documento aborda las diferencias entre la antipsiquiatría clásica y la contemporánea, enfatizando cómo la primera se centra en abusos subjetivos dentro de psiquiatrías deshumanizadoras y la segunda se enfoca en abusos objetivos facilitados por la revolución farmacológica. Además, se discute el estudio de David Rosenhan sobre las condiciones en hospitales psiquiátricos, revelando la despersonalización y la indiferencia del personal hacia los pacientes, lo que genera un estigma duradero. Finalmente, se reflexiona sobre la medicalización del sufrimiento subjetivo, sugiriendo que prácticas comunes en psiquiatría a menudo llevan a la patologización de experiencias humanas ordinarias.