El documento resume las posturas políticas de los federalistas y centralistas en la República Mexicana después del fracaso del Imperio. Los federalistas favorecían un gobierno conformado por estados libres y soberanos con una cámara de diputados elegida por todos los varones adultos. Los centralistas, por otro lado, apoyaban un gobierno más centralizado organizado en departamentos con una asamblea departamental de poderes limitados y electores determinados por sus ingresos.