La filosofía de la tecnología tiene sus raíces en la filosofía occidental, donde se considera la téchne como un aspecto fundamental en el entendimiento del mundo y la gobernanza. Carl Mitcham distingue entre dos enfoques: uno enfocado en la tecnología misma y otro en su relación con la filosofía humanística, proponiendo una síntesis que vincule ética, política y conocimiento. Se concluye que cualquier reflexión sobre ciencia y tecnología requiere una definición clara de ciencia y una comprensión de la tecnología como una aplicación de conocimientos científicos.