El funcionalismo en la comunicación, surgido en los años 1930, sostiene que los medios tienen la intención de influir en sus receptores y están vinculados a la estabilidad social. Autores como Émile Durkheim y Talcott Parsons destacan las funciones de los medios, que incluyen la integración social, la educación y el entretenimiento, así como posibles disfunciones. En este marco teórico, los medios se utilizan para controlar y vigilar, además de satisfacer las necesidades de los ciudadanos.