La iglesia de San Vital en Rávena, construida entre 538-547, es un destacado ejemplo del arte bizantino con una planta octogonal y una cúpula que enfatiza la verticalidad. Su interior, ricamente decorado con mosaicos que representan la figura divina, refleja una ruptura con la arquitectura paleocristiana al enfocarse en la contemplación celestial. La edificación utiliza técnicas constructivas avanzadas, como bóvedas de arista y horno, integradas con materiales ligeros que generan un efecto de espacio etéreo.