Benedicto XVI renunció al papado en febrero de 2013. El autor, sorprendido por la noticia, reflexiona sobre las razones de la renuncia. Concluye que fue un acto de humildad y coherencia con su enseñanza, reconociendo que ya no tenía las fuerzas para el cargo debido a su edad avanzada. La renuncia muestra el amor de Benedicto XVI por la Iglesia y su deseo de dejar el cargo a alguien con nuevas fuerzas.