La reforma operística de Gluck tuvo como objetivo devolver a la ópera el espíritu de la tragedia griega. Sus principales innovaciones fueron que la música sirviera a la poesía y expresión dramática en lugar de ser un fin en sí misma, y simplificar la melodía y estructura musical para enfocarse más en la acción dramática. Aunque no tuvo mucho éxito en Viena, sí logró consolidarse en Francia, donde Gluck presentó sus obras reformadas como Orfeo y Eurídice.