Las cartas a Timoteo y Tito presentan un orden eclesiástico organizado y enfrentan falsos maestros con enseñanzas gnósticas. Reiteran la importancia de la sana doctrina, el orden en la Iglesia y la integridad ministerial para contrarrestar estas enseñanzas erróneas. Dan instrucciones para el liderazgo de la Iglesia y el ministerio cristiano, poniendo a Pablo como ejemplo.