LAS ESTRUCTURAS ESENCIALES DEL HOMBRE 
El preguntarse que es el hombre no es una expresión de simple curiosidad ante un 
problema, sin relación alguna con nuestra vida, ya que de él depende la orientación de 
nuestra existencia terrena y la profundidad de nuestro amor. Todos en algún momento 
de nuestra vida, tomamos conciencia de nuestra condición y de nuestra situación en el 
momento presente. 
Vivimos en un mundo en el que el hombre va dejando constantemente su huella; asi, al 
lado de los maravillosos avances de la ciencia y de la técnica, se encuentran las 
luchas en las que el hombre se pierde por su afán de poder. Se quiere erigir en 
dominador del mundo visible, pero corre el riesgo de dejarse controlar por aquello que 
el creía haber dominado. A pesar de todo, el hombre busca y desea la verdad: a través 
de nuestras experiencias, en el intelecto y en la voluntad se va abriendo paso el deseo 
de pasar por encima de los limites del espacio y del tiempo para alcanzar la paz y la 
unidad. 
Esa convergencia de la conciencia de fragilidad y del deseo de superación, es lo que 
nos lleva a preguntar: ¿Qué es el hombre? ¿ que características presenta esa 
realidad a la que tenemos que ir formando paulatinamente? 
La respuesta a estas preguntas es personal, pero esto no significa que sea imposible 
decir algo de la existencia humana y no se pueda penetrar en su estructura y aclarar 
el sentido de la vida. Si bien, efectivamente, el hombre como subjetividad única y 
singular, experimentando su existencia personal, es difícil que sea comprendido 
racionalmente, si puede ser conocido en sus estructuras esenciales. 
Con la educación pretendemos ayudar a cada hombre a poner en movimiento sus 
potencias y facultades, y facilitar su perfeccionamiento eliminando los obstáculos que 
se le oponen. Esto implica, como presupuesto previo, hacernos algunas reflexiones 
sobre el hombre, ya que la educación precisamente incide en el. Solo así 
comprenderemos, en toda su profundidad, la tarea que nos espera. 
El hombre es cuerpo y alma 
La palabra latina homo y la palabra griega anthropos significan lo mismo: el hombre el 
ser humano. Sin embargo, se formaron siguiendo directrices diversas. Homo se 
refiere al hombre como nacido de la tierra ( humus- tierra) y anthropos ve al hombre 
como el ser que puede dirigir su vista al cielo ( ana, tra, ops-mirar hacia arriba). Para
poder comprender al hombre deben unirse ambas cosas: el ser dotado de espíritu, el 
ser ligado a la tierra. 
El hombre es un ser que se compone de cuerpo y alma y por tanto, se sitúa en la línea 
divisoria del mundo material y del mundo espiritual; en el se unen el mundo visible de 
un cuerpo material y el mundo invisible de un alma espiritual. (1) 
El hombre es un cuerpo inserto en el mundo material, y por eso sabe que esta 
sometido a las leyes del espacio y tiempo, al movimiento y a la finitud. Es un punto 
minúsculo, insignificante, dentro de la multiplicidad cósmica. 
Puede a veces tener la sensación de ser absorbido en la inmensidad del espacio. Pero 
también es espiritu y por eso puede trascender a la materia. El hombre posee un alma 
que le distingue de otros seres. 
Es el alma una forma pura, inmortal, que sin embargo no es independiente del cuerpo 
para obrar. Su unión con el es esencial y es característica de su naturaleza, ya que 
necesita el cuerpo como principio de acción como para completar su ser mismo. El alma 
humana es, por tanto, una forma pura incompleta, puesto que requiere del cuerpo para 
exigir y para actuar; el cuerpo es la materia apta, dispuesta inmediatamente para 
recibir al alma como su forma. 
Decir que el hombre es cuerpo y alma significa que estas dos realidades están hechas 
la una para la otra, pero conservando cada una su propia naturaleza; en esta unión el 
alma no se convierte en cuerpo, ni el cuerpo en alma. Si el cuerpo es materia para ser 
animada por el alma, no por ello se sale del orden material, y por tanto está sujeto a 
la mutación y a la corrupción. 
EL VALOR DEL CUERPO EN LA FORMACION HUMANA 
La unión del alma y el cuerpo supone para el hombre una tensión que invita a buscar el 
dominio corporal a través de las potencias anímicas, de modo que el cuerpo se 
convierte en el instrumento para conseguir los bienes espirituales. Esto supone a 
veces restringir aquellas actividades corporales que obstaculizan la vida del espíritu, 
y en todas ocasiones servirse de el para la realización de todo lo que facilita el 
ejercicio de las virtudes. 
Por lo tanto como adolecentes nos iremos formando cuando se nos inculca el valor y 
el respeto del propio cuerpo y, a la vez, la necesidad de conservarlo en la mejor 
disposición para servir al espíritu. En la práctica todo esto se concreta en un
conjunto de deberes relacionados con la higiene, el deporte, la diversión y el 
reposo, que no solo tiene por objeto mejorar la función instrumental del cuerpo, 
sino que también tienen a la vista la estrecha relación entre la salud física y la salud 
del espíritu. 
La higiene no solo esta relacionada con las exigencias que supone el cuidado de la 
salud, sino también con la natural y habitual correspondencia que hay entre la 
apariencia externa de la persona y su situación interior. Evitando tambien extremos 
ya que las modas y las costumbres toman un aire de extravagancia y de libertad que 
va destruyendo la facultad de percibir correctamente la naturaleza y el valor 
intrínseco de la vida terrena. 
Sobre la valoración que debe darse al deporte, puede afirmarse que ordinariamente 
constituye un medio muy eficaz para derivar energías que podrán desembocar mal. 
El deporte es una manifestación vital cuyas principales características son el 
esfuerzo, el riesgo, la superación personal, la competencia, la convivencia y el trato 
con otros. Ya desde el tiempo de los griegos era concebido con esa finalidad de 
fortalecer el alma a través del fortalecimiento del cuerpo. Por eso en la medida de 
lo justo, sin detrimento del tiempo y la energía para el cultivo intelectual, el 
ejercicio físico tiene un papel importante en la formación del joven, tanto por su 
importancia en la adquisición de virtudes, como por ser encauzador de su agresividad. 
La diversión es igualmente útil a cuerpo y al espíritu, siempre y cuando no se pierda 
su doble finalidad: el descanso del espíritu a través de un relajamiento de la 
atención y un cambio de actividad, y el reforzamiento de las facultades individuales. 
La diversión es un medio, no un fin, y por tanto puede ser beneficiosa o perjudicial, 
útil o inútil, humana y moralmente hablando. Presupone un trabajo habitual, y exige el 
sentido de la moderación y la prudencia para que no haya un detrimento de los 
valores superiores de la vida. Por tanto debemos aprender a divertirnos, teniendo 
en cuenta que aunque, tal vez hoy mas que nunca, no es difícil encontrar todo tipo de 
diversiones- lícitas e ilícitas -, el aburrimiento es un fenómeno frecuente en el 
mundo moderno. Lo importante es encontrar aquellas que puedan proporcionarnos 
momentos de gran alegría, así como el equilibrio físico y psíquico. Este es el enfoque 
de tener diversión y no esa búsqueda frenética con el deseo de salir del tedio y 
del aburrimiento de una manera evasiva que, además, solo produce un vacío y una 
depresión que no pocas veces dan origen a posteriores neurosis.
Si la diversión es útil, el reposo, a su vez, es necesario, entendido y valorado como 
un medio para restaurar las fuerzas y hacer más eficaz el trabajo subsiguiente. 
Entendido en este sentido de interrupción periódica de las labores cotidianas, el 
descanso constituye un deber impuesto al hombre precisamente en atención a sus 
valores espirituales. 
En relación también con el valor del propio cuerpo, se encuentra el respeto a la 
propia sexualidad. Además de la distinción fisiológica, lo biológico, etc. La finalidad 
esencial de la distinción de sexos, de sus características y de los correspondientes 
instintos, se encuentra en la transmisión de la vida y la conservación de la especie. 
Esta finalidad no puede perderse de vista, ni puede lógicamente subordinarse a otras 
finalidades específicas, ya que es la base de todo el orden sexual. No es éste, sin 
embargo, su único fin, ya que la distinción de sexos no se encierra únicamente en los 
limites del orden fisiológico, sino que se expande también al psicológico e, incluso, al 
espiritual. Es decir, la diferencia de sexos da origen a dos tipos diferentes y 
complementarios en los que se hace realidad la especie humana , y en cuya unión ellos 
mismos encuentran su integración reciproca. La atracción de los sexos en el hombre no 
solo es corporal, sino también espirirual, y constituye el fundamento del amor humano. 
Ya que sexo se ha convertido en una fuente creadora de riqueza que muchos 
explotan y comercializan a través de los medios de comunicación. Los daños que todo 
esto produce en los jóvenes es patente. 
La madurez intelectual, volitiva y emotiva 
Si tenemos en cuenta la esencial inferioridad y subordinación del cuerpo en relación al 
espíritu, es necesario hablar también de aquellos aspectos que integran los procesos 
intelectual, volitivo y emotivo, y que, en definitiva conducirán a la consecusión de la 
plenitud humana, que se manifiesta sobre todo en cierta estabilidad de ánimo 
(madurez emotiva), la facultad de tomar decisiones ponderadas y responsables ( 
madurez volitiva) y el recto modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres 
(madurez intelectual). 
Es evidente que la plenitud humana no se alcanza de manera total y perfecta, dadas 
nuestras limitaciones, sino que se da de un modo aproximado y siempre perfecto. El 
proceso para alcanzar la madurez se inicia ya en los primeros años de la vida del niño. 
Lentamente – de igual modo que sucede en los aspectos anatómico y fisiológico se van
activando en su espíritu sus potencialidades y comienzan a desarrollarse sus 
cualidades, hasta que al paso de los años alcanza un armónico desarrollo personal y, en 
consecuencia, una útil y provechosa inserción social. 
Intelectualmente, los adolescentes deben superar el mundo lúdico y mágico de la 
infancia, así como vencer igualmente su crisis ensoñadora hasta adaptar su 
conocimiento a lo leal, sin que esto signifique, de ninguna manera, renunciar a su 
capacidad creadora ya que, de hecho, la realidad se siempre perceptible. El proceso de 
madurez intelectual abarcará tres aspectos fundamentales: la recepción no 
deformada de la realidad, la capacidad de valorarla críticamente el espíritu creativo 
que le lleva a un progreso continuo. 
Desde el punto de vista pedagógico, conseguir la plenitud intelectual implica diversas 
cosas. En primer lugar, el razonamiento y a la reflexión que permitan ser cada vez 
mas realista. En segundo término, ir inculcando una adecuada escala de valores como 
esquema referencial, así como un ponderado equilibrio en el juicio, a fin de que la 
valoración sobre los acontecimientos y circunstancias sea cada vez mas serena y 
madura. Como tercer punto se deberá partiendo de lo existente corregir lo 
defectuoso y sugerir mejoras; en la sociedad – y en la vida personal- siempre habrá 
situaciones que exigen espíritu de iniciativa y participación activa de todos. Por último, 
con el fin de alcanzar una profunda capacidad de examen y evaluación, se deberá 
desarrollar un espíritu crítico – en primer lugar consigo mismo- que lleve a detectar y 
corregir errores y deficiencias. 
Son cuatro, por tanto, las metas que se refieren a la madurez intelectual: realismo en 
el conocimiento, valoración equilibrada de las cosas, espíritu de iniciativa y reflexión 
evaluadora. 
La madurez volitiva requiere abandonar la infancia, con su consiguiente plasticidad y 
dependencia y la creencia de basta desear para tener. Supone también un ir 
superando la crisis de la originalidad juvenil, con el fin de lograr un grado suficiente 
de autodeterminación responsable, al mismo tiempo que la suficiente constancia para 
hacer lo que se debe. 
En lo referente a la autodeterminación, se deberá adquirir equilibrio en las decisiones 
y sentido de responsabilidad. Una personalidad equilibrada en las decisiones de aquella 
que ni depende totalmente de otros (plasticidad infantil), ni rechaza absolutamente 
toda influencia ( originalidad adolescente). El sentido de responsabilidad, a su vez, te 
llevara a asumir las consecuencias de tus actos, superando la incoherencia que
demostraba en etapas anteriores. La mera toma de decisiones sin fundamento o sin 
una razón suficiente sea precipitación, conveniencia, capricho, etc.- no es síntoma de 
madurez, sino al contrario. 
En relación a la consistencia volitiva, habrá desarrollar el esfuerzo y la constancia. El 
esfuerzo es necesario para realizar o llevar a cabo la decisión que se ha tomado, a 
pesar de los sacrificios que implica la superación de los obstáculos que se han 
presentado. La constancia será indispensable para mantener la decisión, impidiendo 
que con el paso del tiempo se vaya debilitando. 
La vida infantil está prácticamente dominada por los estados afectivos: placer, 
disgusto; llanto, risa; etc. Cuando se ha recibido educación, el niño aprende a dominar 
y controlar mejor encauzar ese mundo afectivo. El adolescente atraviesa 
filosóficamente por una época de cambios bruscos, pero sufre también cambios 
psicológicos, que son mas significativos: se va iniciando en la vida del grupo, tendrá que 
aprender a superar las crisis afectivas, adoptando las actitudes propias de su sexo, y 
habrá de esforzarse por vivir de una manera verdadera y profunda la amistad. 
Parte de ese proceso es asimismo impedir que la emotividad deforme la realidad en el 
campo de la conciencia moral. En este sentido, la despreocupación sistemática o los 
escrúpulos serían los polos opuestos de una inmadurez emotiva. De acuerdo con esto, 
puede afirmarse que el proceso de madurez emotiva abarca el control de los instintos, 
una adecuada integración social y una conciencia moral no interferida emotivamente. 
Por supuesto cada uno de estos aspectos exige la parte nuestra el ayudar a concretar 
a los jóvenes en una serie de puntos a su lucha personal. En relación al control de los 
instintos, debemos adquirir la capacidad de transformar en las frustraciones que 
necesariamente vendrán; es decir, al surgir el disgusto por no haber podido realizar 
cualquier tensión instintiva, debemos apreciar el valor positivo conseguido, e integrar 
la frustración como enriquecedora de la propia personalidad. 
Conseguir la capacidad de relaciones equilibradas en el sexo, asi como el estilo 
sexuado de la propia vida. Esto supone, por un lado, que el muchacho deberá superar 
el “sobresalto sistemático” ante las muchachas, concibiéndolas solamente como 
“peligro” o “tentación”, o como un objeto vital indispensable y las muchachas 
aprenderán a vivir su propia feminidad, sin considerarse únicamente como objeto de 
atracción para los hombres. Por otra parte, aprenderán a expresar en su vida 
diferenciación del propio sexo, complementario del contrario en actitudes, reacciones, 
etc.
En conexión con la integración social, se puede establecer una distinción con respecto 
a los superiores y en relación a los iguales. En primer caso el adolescente establecer 
una realción de respeto y confianza que no renuncia a la propia dignidad (excesiva 
dependencia infantil, adulación, etc.) ni intenta mostrar su originalidad en redeldías 
sistemáticas. 
En caso segundo se instituye una relación de amistad, de participación de ideales y 
afectos, en la que quedan a un lado las relaciones temperamentales ( dependientes 
del estado de ánimo), el emplagamiento ( que denotaría una afectividad infantil). El 
aislamiento (síntoma de un deficiente desarrollo social), los celos ( manifestación de 
inseguridad propia o de desconfianza en los demás ), etc. 
Por ultimo, a fin de evitar inferencias emotivas deformadoras, y formar una 
conciencia moral recta, habrá que evitar tanto una laxitud moral por insensibilidad, 
como el escrúpulo por hipersensibilidad respecto a los propios actos. 
Por lo que debemos desarrollar armónicamente sus cualidades físicas, morales e 
intelectuales, que nos hagan responsables en los diversos actos de su vida, y 
consigamos la verdadera libertad, iniciándonos, igualmente, en una positiva y prudente 
educación social. 
El hombre es persona 
Sabemos que el hombre esta sujeto a determinadas necesidades materiales que 
tiene que satisfacer para mantenerse en existencia, Para hacerlo sin embargo no se 
mueve únicamente por la fuerza natural de los instintos, sino que se ve exigido 
también por un deber, una obligación. Profundizamos así en la reflexión sobre el 
hombre, ya que al afirmar que tienes deberes, implícitamente aseveramos también 
que posee la libertad, ya que sólo hay deberes para los seres libres. La libertad, que 
capacita al hombre para obrar por deber y no solamente por instinto, es también lo 
que hace ser persona y lo eleva por encima de los animales. 
Aprender a usar la libertad 
En un principio puede pensarse que la libertad se manifiesta como ausencia de 
obstáculos, de impedimentos, pero no debemos olvidar que esta ausencia de 
dificultades se manifiesta al mismo tiempo en una presencia de intención: La 
orientación de la voluntad hacia algo que desea hacer. La verdadera esencia de la
libertad radica en esa intención, en ese querer, y el querer no tiene limitación alguna. 
El hombre posee la propiedad de abrirse, de ensancharse: no solo conoce lo que se 
presenta a los sentidos, sino que puede ir con un pensamiento mucho mas allá. Esta 
posibilidad de abrirse o ensanchanse es la trascendencia misma por la que la persona 
rebaza sus propios limites físicos o materiales, e incluso los del mismo mundo en el 
que vive. El animal distingue únicamente lo que aparece a los sentidos y, en 
consecuencia, desea exclusivamente aquello que conoce: un estrechísimo conjunto de 
cosas. El deseo del hombre, el querer del hombre, no tiene límite; es libre de querelo 
todo: desde un objeto insigficante, hasta Dios mismo, que satisface todas sus 
posibilidades. El hombre es trascendente. 
Pero lo interesante es que el hombre puede escoger entre distintas posibilidades; en 
ello precisamente consiste la libertad: en poder escoger una u otra cosa, o ninguna; en 
poder decidir lo mismo al hacer esto o lo otro, o nada. Si el hombre sólo lograra su 
satisfacción mediante una cosa, tendría absoluta necesidad de ella y ya no sería libre. 
La persona humana es libre por ser espiritual y trascendente, por tener una capacidad 
infinita que no se satisface con cualquier cosa concreta: eso puede estar por encima 
de las cosas. 
Por la libertad, entonces, podemos elegir entre varias posibilidades, pero si entre 
muchas posibilidades se elige una, debemos tener un motivo, una intención. Lo 
importante es saber porque queremos aquello. La persona humana tiene libertad de 
elección, pero debe elegir con algún motivo, con algún propósito; cuanto mas 
consistente y solido sea ese propósito, más autentica será la elección. El hombre debe 
tener razones, intenciones, motivos para elegir; esto es, unos principios. Estos 
principios, obviamente, no son motivos para elegir, sino mas bien los fundamentos o 
preferencias que orientan o justifican alguna elección. 
Pero no basta con tener principios, ni siquiera es suficiente que estos sean validos y 
consistentes; es necesario que uleriormente las de decisiones – libres- estén en 
concordancia con ellos. Cuando se tienen esos principios para orientar las elecciones en 
determinado sentido, y se decide de aquello con ellos, hay una concordancia, una 
coherencia entre los principios y la elección: se ha obrado responsablemente. Solo en 
este caso el hombre actúa verdaderamente como persona: cuando existe esa unidad 
entre el pensamiento y la actuación.
Formar hombres de carácter 
El desarrollo de la propia libertad no se entiende si no se le considera en e ámbito 
de la intimidad, y como la intimidad de descubre en la adolescencia, quizá es esta una 
de las etapas mas decisivas para la educación en la libertad. 
Hacer de los jóvenes hombres o mujeres libres es conseguir que sean hombres y 
mujeres de carácer. Fieles a sus convicciones, que se esfuerzan por conformar a ellas 
su conducta con firmeza y perseverancia. Este ser hombre de carácter, condición 
indispensable para utilizar reponsablemente la libertad, atiende a dos aspectos 
fundamentales: psicológico y moral. 
Un carácter psicológico bueno debe poseer en proporciones equivalentes inteligencia, 
voluntad y corazón. Por la inteligencia, voluntad y corazón. Por la inteligencia el joven 
se va capacitando para discernir la verdad y para distinguir entre el bien y el mal; en 
virtud de la voluntad se mantiene firme ante el bien aprehendiendo y orienta a él sus 
decisiones, perseverando tenazmente ante las dificultades y obstáculos; el corazón es 
u conjunto de energías que, sometidas a la voluntad recia y dirigidas por la recta 
razón, contribuye enormemente en la formación del carácter. 
Del carácter moral puede decirse que debe poseer, entre otras, las siguientes 
características: rectitud de conciencia, fuerza de voluntad y bondad de corazón. 
Requiere, además, principios o conocimientos morales ( normas, criterios, etc.) a los 
que debe conformarse la actuación. 
Todo este conjunto de características – cuya consecución supone una perseverancia de 
años enteros- van haciendo de los jovenes hombres y mujeres de carácter; capaces 
de medir la trasnscendencia de sus actos y de sus omisiones; de actuar por iniciativa 
propia, siempre conforme a sus principios; de aceptar las consecuencias que el ejercer 
la libertad el trae consigo. 
Apertura a los demás 
Característico también del hombre es el ponerse en estado de apertura frente a las 
demás cosas y personas, con capacidad de intervenir en ellas y dejando que éstas se 
metan en su propia vida. Delante del yo se sitúan muchos “tu” que se introducen en la 
intimidad personal. La persona humana esta capacitada para conocerse en su propio 
valor para actuar en consecuencia. Abrirse es salir fuera de si; abrirse es dirigirse y
comunicarse a los demás; abrirse es transformar esos tu en completa persona humana. 
El hombre se engrandece cuando se comunica con los demás y se da a los demás, 
cuando, saliendo de sí mismo, se relaciona con otros hombres, produciéndose un 
enriquecimiento mutuo. Es necesario abrirse a lo que nos rodea si no deseamos 
quedarnos solos. 
Para completar un proceso de madurez, tendremos que poner nuestra propia persona 
al servicio de la sociedad, lo que exige una capacidad dialogal y una capacidad 
cooperativa. La capacidad dialogal se concreta a capacidad de adaptación ( respeto a 
los demás), capacidad de comprensión ( entendimiento amable de los demás), 
capacidad de comunicación ( receptividad respecto a los demás), capacidad de 
comunicación ( receptividad respecto a los demás). A su vez, la capacidad 
cooperativa entraña dos actitudes: actitud de servicio ( disponibilidad para los 
demás) y actitud de olvido de si mismo ( entrega a los demás). 
Con estos razgos de maduréz alcanzaremos la plenitud psicológica, de forma que 
podamos participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, 
estemos dispuestos para el dialogo con otros prestando su fructuosa colaboración a la 
consecución del bien común.

Las estructuras esenciales_del_hombre

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    LAS ESTRUCTURAS ESENCIALESDEL HOMBRE El preguntarse que es el hombre no es una expresión de simple curiosidad ante un problema, sin relación alguna con nuestra vida, ya que de él depende la orientación de nuestra existencia terrena y la profundidad de nuestro amor. Todos en algún momento de nuestra vida, tomamos conciencia de nuestra condición y de nuestra situación en el momento presente. Vivimos en un mundo en el que el hombre va dejando constantemente su huella; asi, al lado de los maravillosos avances de la ciencia y de la técnica, se encuentran las luchas en las que el hombre se pierde por su afán de poder. Se quiere erigir en dominador del mundo visible, pero corre el riesgo de dejarse controlar por aquello que el creía haber dominado. A pesar de todo, el hombre busca y desea la verdad: a través de nuestras experiencias, en el intelecto y en la voluntad se va abriendo paso el deseo de pasar por encima de los limites del espacio y del tiempo para alcanzar la paz y la unidad. Esa convergencia de la conciencia de fragilidad y del deseo de superación, es lo que nos lleva a preguntar: ¿Qué es el hombre? ¿ que características presenta esa realidad a la que tenemos que ir formando paulatinamente? La respuesta a estas preguntas es personal, pero esto no significa que sea imposible decir algo de la existencia humana y no se pueda penetrar en su estructura y aclarar el sentido de la vida. Si bien, efectivamente, el hombre como subjetividad única y singular, experimentando su existencia personal, es difícil que sea comprendido racionalmente, si puede ser conocido en sus estructuras esenciales. Con la educación pretendemos ayudar a cada hombre a poner en movimiento sus potencias y facultades, y facilitar su perfeccionamiento eliminando los obstáculos que se le oponen. Esto implica, como presupuesto previo, hacernos algunas reflexiones sobre el hombre, ya que la educación precisamente incide en el. Solo así comprenderemos, en toda su profundidad, la tarea que nos espera. El hombre es cuerpo y alma La palabra latina homo y la palabra griega anthropos significan lo mismo: el hombre el ser humano. Sin embargo, se formaron siguiendo directrices diversas. Homo se refiere al hombre como nacido de la tierra ( humus- tierra) y anthropos ve al hombre como el ser que puede dirigir su vista al cielo ( ana, tra, ops-mirar hacia arriba). Para
  • 2.
    poder comprender alhombre deben unirse ambas cosas: el ser dotado de espíritu, el ser ligado a la tierra. El hombre es un ser que se compone de cuerpo y alma y por tanto, se sitúa en la línea divisoria del mundo material y del mundo espiritual; en el se unen el mundo visible de un cuerpo material y el mundo invisible de un alma espiritual. (1) El hombre es un cuerpo inserto en el mundo material, y por eso sabe que esta sometido a las leyes del espacio y tiempo, al movimiento y a la finitud. Es un punto minúsculo, insignificante, dentro de la multiplicidad cósmica. Puede a veces tener la sensación de ser absorbido en la inmensidad del espacio. Pero también es espiritu y por eso puede trascender a la materia. El hombre posee un alma que le distingue de otros seres. Es el alma una forma pura, inmortal, que sin embargo no es independiente del cuerpo para obrar. Su unión con el es esencial y es característica de su naturaleza, ya que necesita el cuerpo como principio de acción como para completar su ser mismo. El alma humana es, por tanto, una forma pura incompleta, puesto que requiere del cuerpo para exigir y para actuar; el cuerpo es la materia apta, dispuesta inmediatamente para recibir al alma como su forma. Decir que el hombre es cuerpo y alma significa que estas dos realidades están hechas la una para la otra, pero conservando cada una su propia naturaleza; en esta unión el alma no se convierte en cuerpo, ni el cuerpo en alma. Si el cuerpo es materia para ser animada por el alma, no por ello se sale del orden material, y por tanto está sujeto a la mutación y a la corrupción. EL VALOR DEL CUERPO EN LA FORMACION HUMANA La unión del alma y el cuerpo supone para el hombre una tensión que invita a buscar el dominio corporal a través de las potencias anímicas, de modo que el cuerpo se convierte en el instrumento para conseguir los bienes espirituales. Esto supone a veces restringir aquellas actividades corporales que obstaculizan la vida del espíritu, y en todas ocasiones servirse de el para la realización de todo lo que facilita el ejercicio de las virtudes. Por lo tanto como adolecentes nos iremos formando cuando se nos inculca el valor y el respeto del propio cuerpo y, a la vez, la necesidad de conservarlo en la mejor disposición para servir al espíritu. En la práctica todo esto se concreta en un
  • 3.
    conjunto de deberesrelacionados con la higiene, el deporte, la diversión y el reposo, que no solo tiene por objeto mejorar la función instrumental del cuerpo, sino que también tienen a la vista la estrecha relación entre la salud física y la salud del espíritu. La higiene no solo esta relacionada con las exigencias que supone el cuidado de la salud, sino también con la natural y habitual correspondencia que hay entre la apariencia externa de la persona y su situación interior. Evitando tambien extremos ya que las modas y las costumbres toman un aire de extravagancia y de libertad que va destruyendo la facultad de percibir correctamente la naturaleza y el valor intrínseco de la vida terrena. Sobre la valoración que debe darse al deporte, puede afirmarse que ordinariamente constituye un medio muy eficaz para derivar energías que podrán desembocar mal. El deporte es una manifestación vital cuyas principales características son el esfuerzo, el riesgo, la superación personal, la competencia, la convivencia y el trato con otros. Ya desde el tiempo de los griegos era concebido con esa finalidad de fortalecer el alma a través del fortalecimiento del cuerpo. Por eso en la medida de lo justo, sin detrimento del tiempo y la energía para el cultivo intelectual, el ejercicio físico tiene un papel importante en la formación del joven, tanto por su importancia en la adquisición de virtudes, como por ser encauzador de su agresividad. La diversión es igualmente útil a cuerpo y al espíritu, siempre y cuando no se pierda su doble finalidad: el descanso del espíritu a través de un relajamiento de la atención y un cambio de actividad, y el reforzamiento de las facultades individuales. La diversión es un medio, no un fin, y por tanto puede ser beneficiosa o perjudicial, útil o inútil, humana y moralmente hablando. Presupone un trabajo habitual, y exige el sentido de la moderación y la prudencia para que no haya un detrimento de los valores superiores de la vida. Por tanto debemos aprender a divertirnos, teniendo en cuenta que aunque, tal vez hoy mas que nunca, no es difícil encontrar todo tipo de diversiones- lícitas e ilícitas -, el aburrimiento es un fenómeno frecuente en el mundo moderno. Lo importante es encontrar aquellas que puedan proporcionarnos momentos de gran alegría, así como el equilibrio físico y psíquico. Este es el enfoque de tener diversión y no esa búsqueda frenética con el deseo de salir del tedio y del aburrimiento de una manera evasiva que, además, solo produce un vacío y una depresión que no pocas veces dan origen a posteriores neurosis.
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    Si la diversiónes útil, el reposo, a su vez, es necesario, entendido y valorado como un medio para restaurar las fuerzas y hacer más eficaz el trabajo subsiguiente. Entendido en este sentido de interrupción periódica de las labores cotidianas, el descanso constituye un deber impuesto al hombre precisamente en atención a sus valores espirituales. En relación también con el valor del propio cuerpo, se encuentra el respeto a la propia sexualidad. Además de la distinción fisiológica, lo biológico, etc. La finalidad esencial de la distinción de sexos, de sus características y de los correspondientes instintos, se encuentra en la transmisión de la vida y la conservación de la especie. Esta finalidad no puede perderse de vista, ni puede lógicamente subordinarse a otras finalidades específicas, ya que es la base de todo el orden sexual. No es éste, sin embargo, su único fin, ya que la distinción de sexos no se encierra únicamente en los limites del orden fisiológico, sino que se expande también al psicológico e, incluso, al espiritual. Es decir, la diferencia de sexos da origen a dos tipos diferentes y complementarios en los que se hace realidad la especie humana , y en cuya unión ellos mismos encuentran su integración reciproca. La atracción de los sexos en el hombre no solo es corporal, sino también espirirual, y constituye el fundamento del amor humano. Ya que sexo se ha convertido en una fuente creadora de riqueza que muchos explotan y comercializan a través de los medios de comunicación. Los daños que todo esto produce en los jóvenes es patente. La madurez intelectual, volitiva y emotiva Si tenemos en cuenta la esencial inferioridad y subordinación del cuerpo en relación al espíritu, es necesario hablar también de aquellos aspectos que integran los procesos intelectual, volitivo y emotivo, y que, en definitiva conducirán a la consecusión de la plenitud humana, que se manifiesta sobre todo en cierta estabilidad de ánimo (madurez emotiva), la facultad de tomar decisiones ponderadas y responsables ( madurez volitiva) y el recto modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres (madurez intelectual). Es evidente que la plenitud humana no se alcanza de manera total y perfecta, dadas nuestras limitaciones, sino que se da de un modo aproximado y siempre perfecto. El proceso para alcanzar la madurez se inicia ya en los primeros años de la vida del niño. Lentamente – de igual modo que sucede en los aspectos anatómico y fisiológico se van
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    activando en suespíritu sus potencialidades y comienzan a desarrollarse sus cualidades, hasta que al paso de los años alcanza un armónico desarrollo personal y, en consecuencia, una útil y provechosa inserción social. Intelectualmente, los adolescentes deben superar el mundo lúdico y mágico de la infancia, así como vencer igualmente su crisis ensoñadora hasta adaptar su conocimiento a lo leal, sin que esto signifique, de ninguna manera, renunciar a su capacidad creadora ya que, de hecho, la realidad se siempre perceptible. El proceso de madurez intelectual abarcará tres aspectos fundamentales: la recepción no deformada de la realidad, la capacidad de valorarla críticamente el espíritu creativo que le lleva a un progreso continuo. Desde el punto de vista pedagógico, conseguir la plenitud intelectual implica diversas cosas. En primer lugar, el razonamiento y a la reflexión que permitan ser cada vez mas realista. En segundo término, ir inculcando una adecuada escala de valores como esquema referencial, así como un ponderado equilibrio en el juicio, a fin de que la valoración sobre los acontecimientos y circunstancias sea cada vez mas serena y madura. Como tercer punto se deberá partiendo de lo existente corregir lo defectuoso y sugerir mejoras; en la sociedad – y en la vida personal- siempre habrá situaciones que exigen espíritu de iniciativa y participación activa de todos. Por último, con el fin de alcanzar una profunda capacidad de examen y evaluación, se deberá desarrollar un espíritu crítico – en primer lugar consigo mismo- que lleve a detectar y corregir errores y deficiencias. Son cuatro, por tanto, las metas que se refieren a la madurez intelectual: realismo en el conocimiento, valoración equilibrada de las cosas, espíritu de iniciativa y reflexión evaluadora. La madurez volitiva requiere abandonar la infancia, con su consiguiente plasticidad y dependencia y la creencia de basta desear para tener. Supone también un ir superando la crisis de la originalidad juvenil, con el fin de lograr un grado suficiente de autodeterminación responsable, al mismo tiempo que la suficiente constancia para hacer lo que se debe. En lo referente a la autodeterminación, se deberá adquirir equilibrio en las decisiones y sentido de responsabilidad. Una personalidad equilibrada en las decisiones de aquella que ni depende totalmente de otros (plasticidad infantil), ni rechaza absolutamente toda influencia ( originalidad adolescente). El sentido de responsabilidad, a su vez, te llevara a asumir las consecuencias de tus actos, superando la incoherencia que
  • 6.
    demostraba en etapasanteriores. La mera toma de decisiones sin fundamento o sin una razón suficiente sea precipitación, conveniencia, capricho, etc.- no es síntoma de madurez, sino al contrario. En relación a la consistencia volitiva, habrá desarrollar el esfuerzo y la constancia. El esfuerzo es necesario para realizar o llevar a cabo la decisión que se ha tomado, a pesar de los sacrificios que implica la superación de los obstáculos que se han presentado. La constancia será indispensable para mantener la decisión, impidiendo que con el paso del tiempo se vaya debilitando. La vida infantil está prácticamente dominada por los estados afectivos: placer, disgusto; llanto, risa; etc. Cuando se ha recibido educación, el niño aprende a dominar y controlar mejor encauzar ese mundo afectivo. El adolescente atraviesa filosóficamente por una época de cambios bruscos, pero sufre también cambios psicológicos, que son mas significativos: se va iniciando en la vida del grupo, tendrá que aprender a superar las crisis afectivas, adoptando las actitudes propias de su sexo, y habrá de esforzarse por vivir de una manera verdadera y profunda la amistad. Parte de ese proceso es asimismo impedir que la emotividad deforme la realidad en el campo de la conciencia moral. En este sentido, la despreocupación sistemática o los escrúpulos serían los polos opuestos de una inmadurez emotiva. De acuerdo con esto, puede afirmarse que el proceso de madurez emotiva abarca el control de los instintos, una adecuada integración social y una conciencia moral no interferida emotivamente. Por supuesto cada uno de estos aspectos exige la parte nuestra el ayudar a concretar a los jóvenes en una serie de puntos a su lucha personal. En relación al control de los instintos, debemos adquirir la capacidad de transformar en las frustraciones que necesariamente vendrán; es decir, al surgir el disgusto por no haber podido realizar cualquier tensión instintiva, debemos apreciar el valor positivo conseguido, e integrar la frustración como enriquecedora de la propia personalidad. Conseguir la capacidad de relaciones equilibradas en el sexo, asi como el estilo sexuado de la propia vida. Esto supone, por un lado, que el muchacho deberá superar el “sobresalto sistemático” ante las muchachas, concibiéndolas solamente como “peligro” o “tentación”, o como un objeto vital indispensable y las muchachas aprenderán a vivir su propia feminidad, sin considerarse únicamente como objeto de atracción para los hombres. Por otra parte, aprenderán a expresar en su vida diferenciación del propio sexo, complementario del contrario en actitudes, reacciones, etc.
  • 7.
    En conexión conla integración social, se puede establecer una distinción con respecto a los superiores y en relación a los iguales. En primer caso el adolescente establecer una realción de respeto y confianza que no renuncia a la propia dignidad (excesiva dependencia infantil, adulación, etc.) ni intenta mostrar su originalidad en redeldías sistemáticas. En caso segundo se instituye una relación de amistad, de participación de ideales y afectos, en la que quedan a un lado las relaciones temperamentales ( dependientes del estado de ánimo), el emplagamiento ( que denotaría una afectividad infantil). El aislamiento (síntoma de un deficiente desarrollo social), los celos ( manifestación de inseguridad propia o de desconfianza en los demás ), etc. Por ultimo, a fin de evitar inferencias emotivas deformadoras, y formar una conciencia moral recta, habrá que evitar tanto una laxitud moral por insensibilidad, como el escrúpulo por hipersensibilidad respecto a los propios actos. Por lo que debemos desarrollar armónicamente sus cualidades físicas, morales e intelectuales, que nos hagan responsables en los diversos actos de su vida, y consigamos la verdadera libertad, iniciándonos, igualmente, en una positiva y prudente educación social. El hombre es persona Sabemos que el hombre esta sujeto a determinadas necesidades materiales que tiene que satisfacer para mantenerse en existencia, Para hacerlo sin embargo no se mueve únicamente por la fuerza natural de los instintos, sino que se ve exigido también por un deber, una obligación. Profundizamos así en la reflexión sobre el hombre, ya que al afirmar que tienes deberes, implícitamente aseveramos también que posee la libertad, ya que sólo hay deberes para los seres libres. La libertad, que capacita al hombre para obrar por deber y no solamente por instinto, es también lo que hace ser persona y lo eleva por encima de los animales. Aprender a usar la libertad En un principio puede pensarse que la libertad se manifiesta como ausencia de obstáculos, de impedimentos, pero no debemos olvidar que esta ausencia de dificultades se manifiesta al mismo tiempo en una presencia de intención: La orientación de la voluntad hacia algo que desea hacer. La verdadera esencia de la
  • 8.
    libertad radica enesa intención, en ese querer, y el querer no tiene limitación alguna. El hombre posee la propiedad de abrirse, de ensancharse: no solo conoce lo que se presenta a los sentidos, sino que puede ir con un pensamiento mucho mas allá. Esta posibilidad de abrirse o ensanchanse es la trascendencia misma por la que la persona rebaza sus propios limites físicos o materiales, e incluso los del mismo mundo en el que vive. El animal distingue únicamente lo que aparece a los sentidos y, en consecuencia, desea exclusivamente aquello que conoce: un estrechísimo conjunto de cosas. El deseo del hombre, el querer del hombre, no tiene límite; es libre de querelo todo: desde un objeto insigficante, hasta Dios mismo, que satisface todas sus posibilidades. El hombre es trascendente. Pero lo interesante es que el hombre puede escoger entre distintas posibilidades; en ello precisamente consiste la libertad: en poder escoger una u otra cosa, o ninguna; en poder decidir lo mismo al hacer esto o lo otro, o nada. Si el hombre sólo lograra su satisfacción mediante una cosa, tendría absoluta necesidad de ella y ya no sería libre. La persona humana es libre por ser espiritual y trascendente, por tener una capacidad infinita que no se satisface con cualquier cosa concreta: eso puede estar por encima de las cosas. Por la libertad, entonces, podemos elegir entre varias posibilidades, pero si entre muchas posibilidades se elige una, debemos tener un motivo, una intención. Lo importante es saber porque queremos aquello. La persona humana tiene libertad de elección, pero debe elegir con algún motivo, con algún propósito; cuanto mas consistente y solido sea ese propósito, más autentica será la elección. El hombre debe tener razones, intenciones, motivos para elegir; esto es, unos principios. Estos principios, obviamente, no son motivos para elegir, sino mas bien los fundamentos o preferencias que orientan o justifican alguna elección. Pero no basta con tener principios, ni siquiera es suficiente que estos sean validos y consistentes; es necesario que uleriormente las de decisiones – libres- estén en concordancia con ellos. Cuando se tienen esos principios para orientar las elecciones en determinado sentido, y se decide de aquello con ellos, hay una concordancia, una coherencia entre los principios y la elección: se ha obrado responsablemente. Solo en este caso el hombre actúa verdaderamente como persona: cuando existe esa unidad entre el pensamiento y la actuación.
  • 9.
    Formar hombres decarácter El desarrollo de la propia libertad no se entiende si no se le considera en e ámbito de la intimidad, y como la intimidad de descubre en la adolescencia, quizá es esta una de las etapas mas decisivas para la educación en la libertad. Hacer de los jóvenes hombres o mujeres libres es conseguir que sean hombres y mujeres de carácer. Fieles a sus convicciones, que se esfuerzan por conformar a ellas su conducta con firmeza y perseverancia. Este ser hombre de carácter, condición indispensable para utilizar reponsablemente la libertad, atiende a dos aspectos fundamentales: psicológico y moral. Un carácter psicológico bueno debe poseer en proporciones equivalentes inteligencia, voluntad y corazón. Por la inteligencia, voluntad y corazón. Por la inteligencia el joven se va capacitando para discernir la verdad y para distinguir entre el bien y el mal; en virtud de la voluntad se mantiene firme ante el bien aprehendiendo y orienta a él sus decisiones, perseverando tenazmente ante las dificultades y obstáculos; el corazón es u conjunto de energías que, sometidas a la voluntad recia y dirigidas por la recta razón, contribuye enormemente en la formación del carácter. Del carácter moral puede decirse que debe poseer, entre otras, las siguientes características: rectitud de conciencia, fuerza de voluntad y bondad de corazón. Requiere, además, principios o conocimientos morales ( normas, criterios, etc.) a los que debe conformarse la actuación. Todo este conjunto de características – cuya consecución supone una perseverancia de años enteros- van haciendo de los jovenes hombres y mujeres de carácter; capaces de medir la trasnscendencia de sus actos y de sus omisiones; de actuar por iniciativa propia, siempre conforme a sus principios; de aceptar las consecuencias que el ejercer la libertad el trae consigo. Apertura a los demás Característico también del hombre es el ponerse en estado de apertura frente a las demás cosas y personas, con capacidad de intervenir en ellas y dejando que éstas se metan en su propia vida. Delante del yo se sitúan muchos “tu” que se introducen en la intimidad personal. La persona humana esta capacitada para conocerse en su propio valor para actuar en consecuencia. Abrirse es salir fuera de si; abrirse es dirigirse y
  • 10.
    comunicarse a losdemás; abrirse es transformar esos tu en completa persona humana. El hombre se engrandece cuando se comunica con los demás y se da a los demás, cuando, saliendo de sí mismo, se relaciona con otros hombres, produciéndose un enriquecimiento mutuo. Es necesario abrirse a lo que nos rodea si no deseamos quedarnos solos. Para completar un proceso de madurez, tendremos que poner nuestra propia persona al servicio de la sociedad, lo que exige una capacidad dialogal y una capacidad cooperativa. La capacidad dialogal se concreta a capacidad de adaptación ( respeto a los demás), capacidad de comprensión ( entendimiento amable de los demás), capacidad de comunicación ( receptividad respecto a los demás), capacidad de comunicación ( receptividad respecto a los demás). A su vez, la capacidad cooperativa entraña dos actitudes: actitud de servicio ( disponibilidad para los demás) y actitud de olvido de si mismo ( entrega a los demás). Con estos razgos de maduréz alcanzaremos la plenitud psicológica, de forma que podamos participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, estemos dispuestos para el dialogo con otros prestando su fructuosa colaboración a la consecución del bien común.