El Imperio Bizantino experimentó dos edades de oro arquitectónicas. La primera durante el siglo VI bajo el emperador Justiniano, cuando se construyeron grandes obras como Santa Sofía y San Vital que utilizaron cúpulas sobre pechinas y decoración con mosaicos. La segunda edad de oro ocurrió entre los siglos IX-XII cuando se extendió el modelo de planta de cruz griega y se multiplicaron las cúpulas, con un mayor énfasis en la decoración exterior.