Una sequía azotó la tierra de los quechuas, secando todas las plantas excepto la planta qantu. Un brote de flor de qantu se convirtió en un colibrí que voló hasta el dios Waitapallana para pedirle que salvara a los quechuas. Waitapallana lloró, sus lágrimas despertaron a la serpiente Amaru y esta hizo llover durante días, salvando a los quechuas de la sequía. Desde entonces los quechuas recuerdan cómo el colibrí los salvó.