LEYENDAS IBARRA
TRES PIEDRAS 
Desde arriba, se podía mirar al río Tahuando ir plácido en busca del mar, serpenteando rocas y musgos, acariciando 
giabos y totoras hasta llegar a los encañonados y a las sucesivas vertientes para que lo fortificaran. 
Al frente, el Alto de Reyes mostraba sus arbustos y su mínima montaña frente a la laguna de Yahuarcocha. Abajo, 
los olivares aún conservaban sus raíces férreas y el recuerdo de la cosecha, durante la época Colonial, antes que el 
monopolio se fuera para el Sur. 
Tres gráciles mujeres bajaron por la pendiente de piedras hacia el río. Llevaban los cabellos sueltos y sus pies 
parecían caminar por el viento. Iban a bañarse en el surtidor de aguas curativas. 
Sus risas se confundían con los cantares que traía la corriente desde las montañas. Eran muchachas y reían 
mientras se desvestían para su baño de aromas de azahares y geranios. Sus pieras eran dóciles a las hierbas 
mojadas y sus labios eran frescos como las gotas que salpicaban sus caderas. Estaban desnudas y sus espaldas 
tersas se arremolinaban bajo el chorro firme que caía golpeando leve sus cabelleras ensortijadas. Sus ojos tenían 
los paisajes de estas tierras prodigiosas. 
Unos hombres los observaban ocultos en los matorrales. Tramaban el ultraje contra estas vírgenes de olores de 
durazno. Las doncellas, sin percatarse, jugueteaban con el agua y sus cuerpos eran como garzas que se posan 
sobre un estanque. 
Los tunantes se acercaron para tomar por la fuerza lo que podrían haber logrado por la ternura. Las zagalas 
comprendieron sus intenciones perversas. Cuando sus manos se acercaron a sus figuras, los hombres sintieron una 
dureza de alabastro. Las muchachas se habían transformado en tres piedras. De lo que antes eran sus labios 
brotaban tres ojos de agua, pero era como si estuvieran hechos de lágrimas. 
Al bajar al río Tahuando las tres piedras con los fulgores de estas mujeres aún están allí. Cuando se zambulle en 
su torrente es como si unas manos recorrieran una piel ajena a su tiempo, pero también con gemidos traídos de 
otas épocas
LA CAJA RONCA 
LA CAJA RONCA 
LA HISTORIA DICE QUE ERA UNA PROCESIÓN DE 
LAMAS QUE SALÍAN DEL ANTIGUO HOSPITAL DE SAN 
VICENTE DE PAUL, ESTA PROCESIÓN IBA POR LA 
CALLE MALDONADO HASTA LA COLON DONDE DE AHÍ 
SE DIRIGÍAN AL CEMENTERIO DE SAN FRANCISCO 
DONDE ENTRABAN A LA FOSA COMÚN, LUEGO 
SEGUÍAN LA PROCESIÓN HASTA DONDE AHORA ES LA 
CRUZ VERDE, LA CRUZ FUE COLOCADA PARA QUE NO 
ATORMENTEN CON LOS RUIDOS QUE REALIZABA. LAS 
PERSONAS QUE VEÍAN EMPEZABAN A VOTAR 
ESPUMA POR LA BOCA Y LOS PERROS Y CABALLOS 
TAMBIÉN TENÍAN UN ASPECTO DIABÓLICO. 
LA CRUZ FUE REMODELADA Y DESDE SU UBICACIÓN 
YA NO SE HA ESCUCHADO NADA.
BRUJAS DE IBARRA 
Eran muchas las noches que los vecinos decían sentir y oir algo volando sobre la “Ciudad 
Blanca”. 
Los mayores aseguraban que se trataba de las Brujas de Mira, Pimampiro y Urcuquí, quienes a 
diferencia de sus parientas europeas, vestían de un prístino blanco y volaban extendiendo sus 
propios brazos por lo cual rasgaban el viento produciendo un sonido ya conocido. 
No faltó quien descubriera que una de las maneras de combatirlas era tendiéndose al suelo en 
forma de cruz. El efecto era instantáneo y caían al suelo de forma inmediata destruyéndose 
completamente. Sin embargo para aquel que quisiera encontrar la identidad de las voladoras 
no tenía más que pedirles una nueva visita para el día siguiente y que les recibiría con sal. 
Engaños de uno y otro lado generaron estrategias de protección, cada bando buscando la 
supremacía sobre el otro. 
Aquellos burlones eran convertidos en gallos o mulas. Cuenta la leyenda que esto fue lo que le 
pasó al incrédulo doctor Rafael Miranda, quien desapareció un buen día sin dejar rastro y pese 
a la intensa búsqueda de amigos y parientes no pudo ser encontrado. 
Un buen tiempo pasó cuando un amigo del médico desaparecido creyó verlo en persona, 
portando un azadón en la mano y fuera de toda la etiqueta de vestido que su condición de 
profesional le imponía. Su imagen y actitud, contó luego, era muy similar al de un gallo 
escarbando la tierra. 
Reintegrado el galeno al seno de su familia no tardó en recuperar la normalidad y a respetar lo 
que sus abuelos le habían advertido.
Se contaba que le becer ro sal ía bufando del 
car r izal y sus ojos eran como carbones 
encendidos, iba hasta el ext remo de la cal le 
larga donde se encont raba una piedra, el 
retobado becer ro rasguñaba el polvo en señal 
de desaf ío; de la enorme piedra sal ió una 
especie de puerca con apar iencia de jabal í con 
siete de sus lechones lanzando gruñidos y de su 
hocico parecían sal i r l lamas; les daba mucho 
miedo a las personas que lo veían, porque 
parecía ser un desaf ío mor tal . 
BECERRO DE ORO

Presentation12

  • 1.
  • 2.
    TRES PIEDRAS Desdearriba, se podía mirar al río Tahuando ir plácido en busca del mar, serpenteando rocas y musgos, acariciando giabos y totoras hasta llegar a los encañonados y a las sucesivas vertientes para que lo fortificaran. Al frente, el Alto de Reyes mostraba sus arbustos y su mínima montaña frente a la laguna de Yahuarcocha. Abajo, los olivares aún conservaban sus raíces férreas y el recuerdo de la cosecha, durante la época Colonial, antes que el monopolio se fuera para el Sur. Tres gráciles mujeres bajaron por la pendiente de piedras hacia el río. Llevaban los cabellos sueltos y sus pies parecían caminar por el viento. Iban a bañarse en el surtidor de aguas curativas. Sus risas se confundían con los cantares que traía la corriente desde las montañas. Eran muchachas y reían mientras se desvestían para su baño de aromas de azahares y geranios. Sus pieras eran dóciles a las hierbas mojadas y sus labios eran frescos como las gotas que salpicaban sus caderas. Estaban desnudas y sus espaldas tersas se arremolinaban bajo el chorro firme que caía golpeando leve sus cabelleras ensortijadas. Sus ojos tenían los paisajes de estas tierras prodigiosas. Unos hombres los observaban ocultos en los matorrales. Tramaban el ultraje contra estas vírgenes de olores de durazno. Las doncellas, sin percatarse, jugueteaban con el agua y sus cuerpos eran como garzas que se posan sobre un estanque. Los tunantes se acercaron para tomar por la fuerza lo que podrían haber logrado por la ternura. Las zagalas comprendieron sus intenciones perversas. Cuando sus manos se acercaron a sus figuras, los hombres sintieron una dureza de alabastro. Las muchachas se habían transformado en tres piedras. De lo que antes eran sus labios brotaban tres ojos de agua, pero era como si estuvieran hechos de lágrimas. Al bajar al río Tahuando las tres piedras con los fulgores de estas mujeres aún están allí. Cuando se zambulle en su torrente es como si unas manos recorrieran una piel ajena a su tiempo, pero también con gemidos traídos de otas épocas
  • 3.
    LA CAJA RONCA LA CAJA RONCA LA HISTORIA DICE QUE ERA UNA PROCESIÓN DE LAMAS QUE SALÍAN DEL ANTIGUO HOSPITAL DE SAN VICENTE DE PAUL, ESTA PROCESIÓN IBA POR LA CALLE MALDONADO HASTA LA COLON DONDE DE AHÍ SE DIRIGÍAN AL CEMENTERIO DE SAN FRANCISCO DONDE ENTRABAN A LA FOSA COMÚN, LUEGO SEGUÍAN LA PROCESIÓN HASTA DONDE AHORA ES LA CRUZ VERDE, LA CRUZ FUE COLOCADA PARA QUE NO ATORMENTEN CON LOS RUIDOS QUE REALIZABA. LAS PERSONAS QUE VEÍAN EMPEZABAN A VOTAR ESPUMA POR LA BOCA Y LOS PERROS Y CABALLOS TAMBIÉN TENÍAN UN ASPECTO DIABÓLICO. LA CRUZ FUE REMODELADA Y DESDE SU UBICACIÓN YA NO SE HA ESCUCHADO NADA.
  • 4.
    BRUJAS DE IBARRA Eran muchas las noches que los vecinos decían sentir y oir algo volando sobre la “Ciudad Blanca”. Los mayores aseguraban que se trataba de las Brujas de Mira, Pimampiro y Urcuquí, quienes a diferencia de sus parientas europeas, vestían de un prístino blanco y volaban extendiendo sus propios brazos por lo cual rasgaban el viento produciendo un sonido ya conocido. No faltó quien descubriera que una de las maneras de combatirlas era tendiéndose al suelo en forma de cruz. El efecto era instantáneo y caían al suelo de forma inmediata destruyéndose completamente. Sin embargo para aquel que quisiera encontrar la identidad de las voladoras no tenía más que pedirles una nueva visita para el día siguiente y que les recibiría con sal. Engaños de uno y otro lado generaron estrategias de protección, cada bando buscando la supremacía sobre el otro. Aquellos burlones eran convertidos en gallos o mulas. Cuenta la leyenda que esto fue lo que le pasó al incrédulo doctor Rafael Miranda, quien desapareció un buen día sin dejar rastro y pese a la intensa búsqueda de amigos y parientes no pudo ser encontrado. Un buen tiempo pasó cuando un amigo del médico desaparecido creyó verlo en persona, portando un azadón en la mano y fuera de toda la etiqueta de vestido que su condición de profesional le imponía. Su imagen y actitud, contó luego, era muy similar al de un gallo escarbando la tierra. Reintegrado el galeno al seno de su familia no tardó en recuperar la normalidad y a respetar lo que sus abuelos le habían advertido.
  • 5.
    Se contaba quele becer ro sal ía bufando del car r izal y sus ojos eran como carbones encendidos, iba hasta el ext remo de la cal le larga donde se encont raba una piedra, el retobado becer ro rasguñaba el polvo en señal de desaf ío; de la enorme piedra sal ió una especie de puerca con apar iencia de jabal í con siete de sus lechones lanzando gruñidos y de su hocico parecían sal i r l lamas; les daba mucho miedo a las personas que lo veían, porque parecía ser un desaf ío mor tal . BECERRO DE ORO