Los primeros cuatro concilios ecuménicos se reunieron para condenar herejías y definir la fe cristiana. El Concilio de Nicea en 325 condenó el arrianismo y afirmó la divinidad de Cristo. El de Constantinopla en 381 condenó el macedonianismo y definió la Trinidad. El de Éfeso en 431 condenó el nestorianismo y definió a María como Madre de Dios. Y el de Calcedonia en 451 condenó el monofisismo y definió la doble naturaleza de Cristo.