Este documento discute la importancia de la interrelación entre las humanidades y las ciencias. Sugiere que la cultura de las humanidades debe nutrirse de los descubrimientos científicos sobre el mundo y la vida, mientras que la cultura científica debe recuperar la reflexión sobre problemas generales y globales, pensándose a sí misma y pensando problemas sociales y humanos. También propone actualizar los ejes organizadores de un plan de estudios relacionados con el hombre como miembro de la región, la comunidad política y la humanidad.