La primera revolución industrial comenzó en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII y principios del XIX, impulsada por cinco factores principales: la revolución agrícola, la revolución demográfica, el desarrollo del comercio y los transportes, e innovaciones tecnológicas como la máquina de vapor. Se caracterizó por la mecanización de los procesos productivos, especialmente en la industria textil y siderúrgica, gracias al uso de la energía del vapor de agua.