El documento explora dos modelos ideológicos del currículo escolar: la perspectiva recibida, en la que el contenido curricular se acepta sin cuestionamiento, y la perspectiva reflexiva, en la que el contenido es negociable y sujeto a crítica y discusión. Plantea la necesidad de una perspectiva restructuradora que integre los aportes de ambos enfoques para comprender mejor la realidad del currículo y posibilidades de cambio.